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“Cuando creemos que conocemos todas las respuestas, llega la vida y nos cambia las preguntas”

Con la velocidad a la que va el mundo, los cambios que se suceden, el exceso de información, y la hiperestimulación a la que estamos sometidos, es fácil perder el foco, y después el norte, y de ahí el sentido, y a veces hasta la existencia. Nuestro equilibrio vital está en peligro constante y,  probablemente, aunque todavía no lo hayamos sentido o no nos hayamos dado cuenta, sea nuestro bien más preciado en la vida.

Sin el equilibrio no podemos lograr la equanimidad, esa «rara avis» tan huidiza, misteriosa, insólita, inalcalzable, que nos abre las puertas a la impecabilidad personal, la sabiduría, la claridad mental, y la plenitud. Lo contrario nos conduce a, lo que Jaume Soler y Mercé Conangla ha denominado la epidemia del siglo XXI «El cansancio moral», un vacío existencial y una pérdida de sentido, que bloquea y anula nuestras más preciadas capacidades humanas.

La ecuanimidad es una energía serena, una armonía inquieta, un equilibrio fluctuante, y una sabiduría preguntona. La ecuanimidad es un estado que se experimenta dentro y que trasciende fuera, un estado de estabilidad emocional y mental que no se ve perturbado por los acontecimientos externos, y que nos permite mantener el ánimo ante la adversidad, o no perder la perspectiva ante el éxito. Es nuestra guía para responder de forma proporcionada y adecuada a cada situación, y para elegir y emplear unos medios justos para lograr nuestros fines. Es el faro que nos hace mantener nuestra mente firme y clara cuando azotan las tormentas emocionales, que no deja que nuestro barco sea arrastrado por los cantos de sirenas, ni por afiladas rocas que quieren socavar nuestra confianza, nuestra seguridad, y nuestra estima.

Lograr la equanimidad y la sabiduría para conducirnos en la vida exige mantener a menudo tres conversaciones, llenas de preguntas, de silencios y de respuestas. Conversaciones en las que nos preguntamos, y no nos presionamos para obtener la respuesta, dejamos que cada pregunta viaje por los rincones de nuestra mente hasta que encuentre su sitio. Le dejamos espacio practicando el silencio, la meditación, la relajación y la desconexión, y agradecemos con júbilo que de repente, sin avisar aparezca ante nuestro ojos con una claridad aplastante.

1. Conversaciones con la vida.  ¿Alguna vez te has parado a conversar con la vida? ¿Con tu existencia? 

Preguntas acerca de ¿quién soy verdaderamente? ¿quién se esconde detrás de la mascará? ¿estoy siendo lo que quiero en este momento? ¿me gusta mi vida?  ¿hacia donde camino? ¿tiene sentido lo que hago?  ¿Dónde están mis límites? ¿me siento vivo?

Si no me hago estas preguntas con cierta frecuencia, es probable que la vida me las haga sin avisar. Es probable que un día me levante y la vida me de un zarpazo, o un golpe para despertar, y entonces vendrá preguntas irrelevantes como ¿y por que a mi?  no entiendo lo que me ha pasado ¿por qué si estaba todo tan bien? ¿que hago yo aquí? ¿cómo he llegado a esta situación?

Si no te haces buenas preguntas la calidad de tu vida será baja, irrelevante, e insignificante, y lo peor de todo, es que seguramente hará ya mucho tiempo que no es ya tu vida. Fernando Savater en su libro «Las Preguntas de la Vida» nos da pistas de por donde empezar a preguntar, y que preguntas hacernos cada cierto tiempo para conversar con la vida.

Te invito a que hoy mismo, antes de irte a dormir, te tomes un tiempo para ti, te relajes respirando con profundidad, te aísles del ruido, y en la quietud y soledad del silencio escribas en un papel al menos 5 preguntas que le quieres formular a tu vida. Preguntas profundas, trascendentes, que antes no te hayas hecho, o que hace mucho tiempo dejástes de hacerte. Déjalas que habiten tu mente, que viajen por ella y que se instalen en lugares recónditos de tu inconsciente para encontrar las respuestas. Cuando despiertes vuelve a leerlas y anota tus respuestas, a lo mejor no llegan en ese momento, tu sigue preguntándotelas a lo largo de la semana y deja que te sorprendan.

Hace unos días he estado varios días en La Coruña, un lugar al que todos los años suelo ir a conversar con la vida, porque hace ya más de 6 años allí me hice y obtuve la respuesta a una de esas grandes preguntas de la vida, y sigue siendo mi talisman para los momentos en que necesito conversar de forma serena y profunda con mi vida.

«La vida nos hace preguntas» Steven Hayes

2. Conversaciones con nosotros mismos. La relación mas bonita y duradera que vas a tener es contigo mismo, así que cuídala, invierte tiempo en ella, reserva momentos para la conversación contigo, prepara tus citas con mimo, vete a tu encuentro.

Dale un lugar a la empatía y la comprensión en las conversaciones que tengas contigo, dales su tiempo, su espacio, mirate con aprecio.

Reserva un momento al día para conversar contigo y preguntarte ¿Cómo estas? ¿Qu´ sientes? ¿Qué ha pasado hoy, cómo me ha influido, qué significado tiene para mi? ¿He sido la persona que quiero? ¿Me he acercado o me he alejado de mis metas? ¿He vivido hoy de acuerdo a mis valores?  ¿Qué me dice mi cuerpo? ¿Cómo estoy de satisfecho?

Y no converses desde el reproche, la culpa, el miedo, el resentimiento, ábrete a la posibilidad, la esperanza, el descubrimiento, el aprendizaje, el aprecio. Conversa para emprender de nuevo al día siguiente, de una forma más ecológica, más serena, más apreciativa, más sabia, más equanime, y más alineada con tus metas y valores.

«Cada día es una nueva oportunidad para volver a empezar a ser quienes queremos ser. «

3. Conversaciones con los demás. Probablemente la vida sea el resultado de las conversaciones que tenemos y de las que no tenemos.

Con cada conversación estamos generando conexiones humanas y cerebrales, cuanto más interesantes, diversas y estimulantes sean nuestras conversaciones más variadas, activas, y significativas serán nuestras estructuras cerebrales, nuestras relaciones y nuestra vida.

Para tener conversaciones de calidad con los demás, conversaciones elevadas, profundas, con sentido, inteligentes, es necesario tener buenas conversaciones con la vida y con uno mismo. Una de mis frases favoritas es que «nadie puede dar lo que no tiene», si no tienes buenas conversaciones contigo, una buena relación contigo, difícilmente podrás tener buenas conversaciones con los demás. Comienza por cultivarte a ti mismo para poder cultivar buenas relaciones, buenos encuentros y buenas conversaciones.

Hace mucho tiempo que he decidido no tener conversaciones superfluas, superficiales, intrascendentes, negativas, victimistas, cotillas…. En definitiva, que no quiero en mi vida conversaciones improductivas y vacías. Y esto significa cambiar tanto la forma en que planteo mis conversaciones con los demás, como elegir el tipo de personas con las que mantengo conversaciones. No me quiero ir, ni quiero que nadie se vaya igual que llego tras una conversación juntos. Si como dice Humberto Maturana, la calidad de nuestra vida depende de la calidad de las conversaciones que tenemos, nos estamos jugando demasiado en cada conversación como para perder nuestro tiempo y nuestra vida en las que no merecen la pena y no aportan nada.

Te propongo un ejercicio de ecología relacional y emocional, haz un mapa mental con las personas con las que a menudo mantienes conversaciones, clasificándolas según entornos en los que interactuas, y describiendo el tipo de conversaciones que tienes con ellas, que te aportan, que les aportas, como de alineadas están con tus valores y metas. Fíjate especialmente en aquellas conversaciones que son repetitivas y recurrentes sin añadir nada nuevo, en las conversaciones negativas, en las que te generan malestar, en las que están desequilibradas, en las que no te resuenan, en las que no te aportan, y a partir de aquí, decide con cuales te quedas y con cuales no.

Conversar nos conecta, y nos eleva, por esta razón me dedico al mentoring porque me permite mantener en mi día a día estos tres tipos de conversaciones, y crecer y ayudar a crecer a otros mientras lo hago.

«La verdad caduca, si te dejas de hacer preguntas, tendrás una vida con fecha de caducidad»

Si quieres empezar a hacerte las preguntas adecuadas para vivir una vida plena la Escuela de Mentoring pone a tu disposición una red internacional de mentores y mentoras profesionales acreditados que te pueden acompañar.

Autora: Mª Luisa de Miguel

Directora Ejecutiva de la Escuela de Mentoring

Autora del libro “Mentoring, un modelo de aprendizaje para la excelencia personal y organizacional”

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Un año más la Escuela de Mentoring está encargada de diseñar y dirigir el Programa de Mentoring Grupal, que la Fundacion Princesa de Girona ha puesto en marcha para jóvenes de toda España dentro del Programa Rescatadores del Talento. El Programa constará de 6 sesiones de mentoring grupal dinamizadas por 4 mentores del talento, y dirigidas a un grupo de 15 jóvenes con estudios universitarios superiores que quieren aportar todo su talento al mercado.

Comenzamos la 2º edición del 2020 con 3 talleres virtuales para los días 15 y 29 de Octubre y 5 de Noviembre.  Durante los talleres trabajaremos:

-Autoconocimiento e Indagación Apreciativa del Talento con el objetivo de activar su motivación en la búsqueda de un mejor empleo, reforzar su autoeficacia a través del descubrimiento de su núcleo positivo y mejorar sus estrategias de acceso al mercado a través del diseño de su mapa del talento.

-Diseño de perfiles creativos y elaboración del modelo de negocio del talento. Para ello aplicaremos técnicas de creatividad, pensamiento divergente, asociaciones de ideas, bisociación, etc. para crear perfiles profesionales que vayan más allá del curriculum del joven, de sus estudios, y que tengan en cuenta su talento, las opciones profesionales y la situación del mercado.

Mentoring Grupal. VER VIDEO en https://vimeo.com/237593711

Los siguientes talleres serán desarrollados por los mentores del Programa Rescatadores del Talento de la FPdGi, que la Escuela de Mentoring ha tenido el gusto de formar en diversas ocasiones, que les ayudarán a diseñar la puesta en marcha del plan de acción para lograr su empleo deseado, a revisar su CV y a preparar la entrevista de trabajo, y pasar el test del mercado. Para ello, contaran con la posibilidad de compartir inquietudes, preguntas, y dudas con varios mentores, directivos de empresas, para conocer qué demanda el mercado, evaluar sus opciones laborales y profesionales, las diferentes oportunidades, las claves para la empleabilidad. El objetivo es que conozcan la realidad del mercado de primera mano, para adaptar el diseño de su plan de empleabilidad y su modelo de negocio de talento a lo que realmente están demandando las empresas y el mercado del talento.  Desde inicios de este año se ha incorporado un taller adicional de mentoring grupal sobre marca personal guiado por Neus Arqués.

 

A través del itinerario previsto en el Mentoring Grupal queremos seguir descubriendo talentos y darles la plataforma para que sean visibles al mercado y puedan aportar a las empresas todo su valor como profesionales. Sin duda un trabajo apasionante, lleno de aprendizajes, sorpresas, descubrimientos y mucha pasión y amor por lo que hacemos y por las personas, especialmente, por los jóvenes que en un futuro serán los referentes de nuestro país y el mundo en muy diferentes áreas de conocimiento y práctica.

Las emociones nos acompañan en cada segundo de nuestra vida, a veces nos hacen vibrar de alegría, otras estremecernos de miedo, y otras cuantas nos hacen sentir vergüenza, tristeza, culpa, sorpresa, amor, u orgullo. Aparecen sin avisar, en ocasiones nos visitan sin enterarnos, en otras parecen no marcharse jamas, y a veces las ansiamos y no llegan.

Las emociones simplemente son, no son ni buenas ni malas, pueden resultarnos más agradables o desagradables unas que otras, pero todas ellas nos están informando de que algo está pasando. El mayor indicador de inteligencia emocional es darnos cuenta de que estamos en presencia de una emoción, identificar exactamente cuál es, desentrañar su significado, averiguar de qué nos quiere informar, y luego canalizarla adecuadamente. Si practicamos esto a diario nos convertiremos en una persona emocionalmente resistente, y esto aporta a nuestra vida equilibrio, serenidad, claridad mental, sabiduría y mucha ecuanimidad.

Para desarrollar una personalidad emocionalmente resistente es necesario practicar 7 hábitos de manera constante y continuada.

1.- Dialoga con tus emociones: es importante que en nuestro día a día reservemos un espacio para ir al encuentro con nosotros mismos, para mantener una conversación con nuestro mundo interior. Esto nos ayudará a darnos cuenta que emociones han estado presentes en nuestro día, que nos pasa, y entablar una diálogo sereno con ellas. Cada emoción que sentimos, y nos desagrada, nos da una pista de la necesidad que no estamos satisfaciendo o del valor que estamos transgrediendo en nuestra vida. Si son emociones, de las llamadas positivas, nos informan que estamos viviendo un momento pleno, en el que nuestros valores, nuestras necesidades están siendo satisfechas.

Nuestras emociones desagradables, realmente, son un mecanismo de protección, tienen la intención positiva de protegernos de la pérdida de algo que para nosotros es importante. El problema es que a veces esa protección, cuando no es consciente, se maneja inadecuadamente. Otras queremos reprimirla, hacer como si no existiera, pero ella sigue ahí, y cuanto mas la reprimimos más protesta, y a veces lo hace con dolores en el cuerpo, reacciones desproporcionadas, estrés, y otras enfermedades.

Cuando yo ando molesta, enfadada o cabreada, ya se que es porque siento que se me está faltando al respeto, que se me está intentando coartar la libertad, que se me pretenden imponer cosas de forma directa o manipuladoramente. Eso es lo que yo siento, lo que pasa en la realidad a lo mejor no es exactamente como yo lo interpreto, pero al menos, reconocer que estoy enfadada ya me hace parar y reflexionar sobre lo que está pasando fuera y dentro de mi, y elaborar de una forma más consciente y ecuánime un significado que me permita responder de forma adecuada.

Si practicas este diálogo habitualmente descubrirás que todos tenemos patrones emocionales, cuyo origen está en nuestro temperamento, esa parte de la personalidad que es congénita. Al final todo ello te ayudará a conocerte mejor y saber en cada momento que está pasando y qué puedes hacer.

2.- Desarrolla tu Inteligencia Corporal: Escucha y observa a tu cuerpo, se consciente de donde hay dolor, frío, calor, sensación de vacío, sensación de bloqueo. Ahí hay una emoción reprimida. Si mis hombros están caídos hacia adelante y mi cuerpo inclinado hacia adelante, puede decirme que estoy soportando una carga demasiado pesada, y eso me está impidiendo avanzar, y no avanzar me frustra, y de ahí se desencadenan diferentes emociones como el enfado, la tristeza, la impotencia, etc.

Párate cada día frente al espejo, obsérvate en él de cuerpo entero, y pregúntate ¿que ves en él? ¿Ves a una persona con confianza en sí misma? ¿Ves a una persona sin fuerzas? ¿Ves a una persona contenta? ¿Ves a una persona contrariada? Este ejercicio te puede dar claves sobre las emociones que están presentes dentro de ti y que tu cuerpo las refleja.

También te puede ayudar hacer focussing utilizando la respiración. De pie, relajando el cuerpo, cerrando los ojos y respirando profunda y relajadamente, identifica esa parte del cuerpo donde sientes algo (lo que sea) y concentra tu atención y tu respiración en ella, es una forma de liberar la emoción que está apresada en tu cuerpo.

3.-Practica el reencuadre positivo: Cada situación que vivimos, por pequeña que sea, provoca una reacción por nuestra parte. Dicha reacción depende del significado que nuestra mente le da a dicha situación. Lo que nos pasa, las situaciones, no lo podemos cambiar, ahora bien, si que podemos cambiar la forma en que lo vivimos, lo interpretamos, el significado que le otorgamos.

Creo que todas las situaciones, incluso las más dolorosas o dramáticas, tienen una parte positiva y una negativa, una ganancia y una pérdida. Es importante ver ambas, y luego focalizarnos en la parte positiva, en la oportunidad o posibilidad que representa en nuestra vida. Apegarse a lo que paso, a lo que no puede ser, a lo que perdimos nos mantiene estancados y llenos de emociones negativas que nos nublan la visión, el juicio, nos matan la esperanza, la ilusión y la posibilidad de seguir creciendo.

Cuando escribí este post estaba muy triste, pues acababa de fallecer una compañera y amiga de la infancia, una persona de mi misma edad con la que compartí intensamente más de 10 años de mi vida, en los que vivimos momentos inolvidables. Compañera del colegio y el instituto durante todos esos años. Una persona con la que, a pesar del devenir de la vida que nos lleva por caminos diferentes, siempre mantuvimos la relación, lo recuerdos, el interés por saber cada una de nuestras vidas en cada nuevo encuentro. Se fue de repente, sin poder asimilarlo. Sin embargo, a pesar de la tristeza por su pérdida, logramos algo muy bonito, encontrarnos muchos de los compañeros del colegio que llevábamos, en algunos casos, más de 20 y 25 años sin vernos; implicarnos todos en encontrarnos unos a otros en lugares muy diferentes de España; crear un grupo para estar en contacto; hacer planes para volver a coincidir juntos. Enfocarnos en esta empresa nos ha ayudado a sobrellevar la pena por la pérdida y a mirar al futuro con ilusión y esperanza.

Podemos dirigir la atención, enfocarnos en lo positivo, en el futuro, en la posibilidad, y con ese simple cambio de enfoque cambian otras muchas cosas, especialmente, la forma en que nos sentimos y encaramos el mañana.

4.- Reescribe el guión: Que hayas tenido varias decepciones en tu vida, o últimamente, no significa que todo el mundo te decepcione, traicione, que no puedas confiar en nadie. Tu puedes decidir como escribes el guión de tu vida, y los guiones se cambian, se reescriben. Puedes decidir que esas personas que te han decepcionado realmente no eran importantes, y que te han enseñado a quienes dar y a quienes no dar tu confianza, con lo que a partir de ahora vas a ser una persona más selectiva con tu confianza.

Lo que has sido o hecho hasta ahora no es tu vida, ni eres tú, es simple y llanamente lo que has hecho hasta ahora, puedes cambiarlo. La forma en que piensas sobre ti, en cómo hablas de ti, en cómo te describes o describes tu vida, tiene más poder que lo que realmente pasa en ella. Comienza a elaborar el guión de tu vida: quien quieres ser, qué quieres hacer, donde quieres estar, con quien. No participar hablando en las reuniones, en los encuentros, no significa ser tímido ni pasivo, ni no participar, significa una forma particular de participar que es la tuya: escuchar más, tomar distancia para no dejarte arrastrar por los debate, observar. Puedes ponerle un nombre a este personaje, a esta forma particular tuya de participar en las conversaciones: «el oyente sereno», por ejemplo. Esa forma de describir y escribir una faceta de tu vida, cambia mucho la manera en que te sientes con respecto a ella.

5.- Hazte preguntas provocadoras: con cada pregunta que te haces creces, aprendes, cambias, creas una nueva realidad. Las buenas preguntas desarrollan nuestra sabiduría, nos ayudan a ampliar perspectivas, a ver más allá, a buscar nuevos significados y construir con ellos nuevas posibilidades para nuestra vida.  Qué diferente es preguntarse ¿Por qué me pasa esto a mi?  a preguntarse ¿Qué quiere decir esto que está pasando? En la primera buscaré mil justificaciones para explicar porque a mi, y me quedaré pegado a emociones negativas de rabia, impotencia, culpabilidad, injusticia, etc.  En la segunda buscaré otras posibles maneras de ver la situación, y ese pequeño gesto ya me generará una mayor calma, más luz, más visión. Utiliza en tu vida preguntas positivas, preguntas que busquen soluciones, que miren hacia el futuro. 

6.- Dirige tu película: Toma distancia de todas las situaciones que te ocurran, sepáralas de ti, sácalas de tu mente. Puedes escribirlas y leerlas al día siguiente, puedes proyectarlas en una pared como si fuera una pantalla de cine y observarlas, practicando la posición de espectador, en vez de protagonista. Si no te desapegas de tus experiencias, estas te controlan. Si logras colocarlas fuera de ti y contemplarlas como si fueras un tercero que está mirando la escena, puedes comenzar a ejercer control sobre ellas. Como protagonista de la escena es más difícil dirigir la película, cuando te sales emocionalmente de ella y pasas a una posición más objetiva, estas en mejores condiciones de dirigir la película de tu vida.

La objetividad nos aporta ecuanimidad y esta es esencial para valorar con más perspectiva, para no dejarnos arrastrar por el torrente emocional de la subjetividad.

7.- Domina tus disparadores y cambia la escena: Todos vivimos bajo un ciclo constante de situaciones, comportamientos y consecuencias, del que muchas veces no somos conscientes. En este ciclo es clave tener identificados cuales son los disparadores de nuestra conducta, esos diferentes estímulos que existen en nuestro mundo interno y externo y que disparan nuestra conducta, en el sentido de que nos hacen reaccionar frente a ellos de forma inconsciente, en vez de decidir cuál es la mejor forma de afrontarlos.

Los disparadores externos son esa persona que nos produce miedo, que nos irrita, que nos incomoda, los momentos de presión, los conflictos o discusiones, determinadas situaciones, formas de comunicación de otras personas, palabras, gestos. Los disparadores internos son nuestras emociones, creencias, pensamientos, prejuicios. Algunos disparadores son conscientes y otros inconscientes, unos previsibles y otros inesperados, unos beneficiosos y otros perjudiciales. La clave está en tenerlos identificados y diseñar una estrategia para controlarlos, porque aparecer van a aparecer siempre.

Si cada vez que una personalidad dominante, prepotente, agresiva rebate nuestra opinión, nos venimos abajo y dejamos de defender nuestra postura, entramos en una espiral de cesiones inconscientes, que nos llevará a acabar viviendo bajo el yugo de los criterios externos. Si yo identifico ese disparador (personas de ese perfil), ya se cual va a ser mi conducta y el efecto de la misma, con lo que puedo cambiar la escena. Primero, puedo decidir no trabajar o relacionarme con ese tipo de personas. Segundo, puedo buscar alternativas de conducta a no callarme y ceder, y preparármelas cada vez que sepa que voy a encontrarme con una persona de ese tipo.

Todas estas pistas te pueden ayudar a desarrollar una personalidad emocionalmente resistente, ahora que ya lo sabes solo depende de ti ponerlo en practica. Si necesitas ayuda en la Escuela de Mentoring te podemos acompañar.

Autora: Mª Luisa de Miguel

Directora Ejecutiva de la Escuela de Mentoring

Autora del libro “Mentoring, un modelo de aprendizaje para la excelencia personal y organizacional”. Ediciones Pirámide. 2019

Colaboración de nuestra Directora Ejecutiva, Mª Luisa de Miguel en la revista Mujer Emprendedora.

La historia del ser humano siempre ha sido un juego equilibrado de intereses e ideales. Sin embargo, hace ya tiempo que ese equilibrio se ha roto en favor del interés, dejando a un lado los ideales. La economía lo ha inundado todo y se ha erigido en soberana de nuestros intereses. Hemos dejado que sean el mercado, el poder económico y financiero quienes dicten las normas y nosotros las seguimos sin cuestionarlas. Nos han convencido de que tanto tienes tanto vales y que nuestra autoestima, nuestro valor y dignidad como personas se pesa en monedas o se cuenta en billetes.

Uno de los ideales que hemos abandonado es el de la vocación, ese deseo o inclinación a realizar unas determinadas actividades o proyectos frente a otros, a desempeñar unos roles en lugar de otros, a ejercer una carrera profesional y no otra. Elegimos esas actividades, proyectos, roles y profesiones porque nos inspiran, nos permiten realizar nuestras potencialidades, nos hacen sentir que somos útiles para los demás y que nuestra vida tiene sentido.

Como diría Ortega y Gasset, “el yo de un hombre es su vocación”, un proyecto vital que se convierte en nuestro vehículo para realizar nuestros valores, nuestro potencial, nuestras necesidades, anhelos, aspiraciones, nuestras motivaciones e intereses, nuestra particular forma de ser y estar en el mundo, y la forma de expresarla son nuestras actividades personales, profesionales y sociales.

A la vocación la hemos matado entre todos, la hemos asfixiado hasta ahogarla cada vez que le tapamos la boca cuando quiere hacer oír su voz. La hemos matado cada vez que, desde distintos ámbitos insistimos en que la elección de estudios debe estar orientada al mercado, a los trabajos que demandan las empresas, en lugar de interesarse por lo que hace felices a las personas, les inspira, les apasiona y mejor saben hacer; cada vez que le decimos a una persona lo que tiene que ser en lugar de escuchar lo que quiere ser o ayudarla a serlo; cada vez que despreciamos, desvalorizamos, ninguneamos una actividad profesional porque no está de moda, no es rentable o no es socialmente reconocida.

A la vocación la hemos matado y las consecuencias de nuestro crimen nos acechan por todas partes: en cada rincón aparecen hombres y mujeres,  en la mediana edad, que ya están pensando en jubilarse para dejar de trabajar y dedicarse a lo que les gusta; personas cuya única esperanza es ganar el premio de la lotería para retirarse de un trabajo, que sienten les está robando la vida; niños y adolescentes cuya aspiración futura es ganar mucho dinero, tener el último modelo de móvil, coche, etc., ser famosos, ser youtubers y tener millones de seguidores con independencia de lo que hagan para ello; un tsunami de libros, seminarios y gurús de la autoayuda dispuestos a resucitarnos; una enfermedad, la depresión, que se está convirtiendo en la primera causa de discapacidad a nivel mundial; un síndrome, el burnout, caracterizado por el desgaste profesional, que la OMS ha declarado como enfermedad laboral; conversaciones plagadas de expresiones como “necesito reinventarme”, “siento que falta algo en mi vida y no se que es”, “quiero encontrar lo que verdaderamente me llena”.

Todo ello ha generado una atmósfera de hastío, apatía, frustración, desánimo, desesperanza, una desconexión entre el trabajo y la realización personal. Porque con la muerte de la vocación no hemos perdido solo un concepto o un ideal, hemos perdido la motivación, la creatividad, la voluntad, el compromiso, la inspiración, la felicidad, la satisfacción y realización personal. Y lo que es peor, al renunciar a nuestros ideales, a nuestra vocación nos hemos traicionado a nosotros mismos y vivimos en lucha permanente para acallar una insatisfacción que nos corroe y corroe nuestra sociedad.

La situación vivida a causa del COVID-19 ha puesto de manifiesto lo importante que es vivir y trabajar desde la vocación: profesionales de la salud trabajando sin descanso, poniendo en riesgo su vida; policías realizando acciones que exceden con mucho de sus responsabilidades (llevar la compra a ancianas en poblaciones alejadas, felicitar con sirenas el cumpleaños a niños en situaciones vulnerables y confinados); profesionales de la medicina ya jubilados que han decido regresar a trabajar para combatir el virus renovando su compromiso con la sociedad y con su vocación; miles de makers unidos en diferentes lugares fabricando mascarillas y pantallas protectoras; un ejército de costureras repartidas en distintas ciudades confeccionando miles de mascarillas, y otros muchos ejemplos.

Y lo mejor de todo es que ese ejemplo vocacional nos ha inspirado a todos, nos ha hecho salir a los balcones a aplaudir cada día a las 20:00 horas para decirles “estamos con vosotros”, “somos vosotros”, porque en el alma de cada uno de nosotros latía un deseo de ser ellos, de sentir esa energía, esa fuerza que se experimentan cuando estás haciendo aquello en lo que crees, en lo que aportas y que te apasiona, a pesar de las circunstancias adversas, el miedo, los obstáculos, el esfuerzo y el cansancio. Porque eso es la vocación, dar lo mejor de ti para ponerlo al servicio de otros que lo necesitan, trabajar con convicción, dedicación y  pasión, volver a casa con un sentimiento de que el esfuerzo y el día han merecido la pena, y levantarse con ganas de seguir haciéndolo.

En esta crisis hemos estado viviendo en dos mundos diferentes, un mundo de personas que han actuado movidas por su vocación, por sus más altos valores, y un mundo de personas que han seguido actuando movidas por el interés. Desde las ventanas de nuestras casas, desde las de nuestras pantallas, y desde las de unos ojos que han tenido mucho tiempo para mirar hacia dentro, hemos podido contemplar dos maneras diferentes de comportarse y de vivir.

Ahora que comenzamos a recuperar la ansiada “normalidad” o la “nueva normalidad”, como algunas la llaman, quizás sea el momento de preguntarnos ¿que es realmente la normalidad? o ¿cuál es la normalidad que queremos construir y en la que queremos vivir? ¿Queremos seguir renunciando a nuestros ideales?, ¿queremos vivir únicamente movidos por el interés económico? o ¿queremos luchar por hacer realidad nuestra vocación?

A lo mejor la “anormalidad” vivida durante estos meses de confinamiento ha sido una llamada de atención para cuestionarnos si la normalidad era normalidad o más bien estábamos viviendo una ceguera existencial, como los protagonistas de la novela de José Saramago. Creo que en lugar de llenar páginas y conversaciones preguntándonos como será la nueva normalidad, quizás deberíamos comenzar por resucitar el valor de la vocación y edificar nuestra existencia individual y social sobre ella.

 

Al ignorar tus emociones les estás cediendo el control de tu vida. La agilidad emocional es un pacto existencial para alcanzar la plenitud vital.

Nuestras emociones son un sistema de señales que debemos aprender a entender y manejar. Entablar un diálogo emocional con nosotros mismos nos ayuda a tomar mejores decisiones y a comunicarnos y relacionarnos de forma más enriquecedora con los demás. Al tomar consciencia de cómo nos sentimos, hacernos cargo de ello sin culpar a otros o responsabilizar al mundo, considerar como influye en nuestros comportamientos y resultados, estamos aprendiendo sobre nosotros mismos y abriendo la puerta hacia el crecimiento y mejora personal y profesional.

Con el curso AGILIDAD EMOCIONAL aprenderás a desarrollar tu agilidad emocional logrando que tus emociones jueguen a tu favor y sean un aliado para el logro de tus metas y tu bienestar; a decidir sabiamente integrando las emociones en los procesos de toma de decisiones para hacerlas más ecuánimes, ecológicas y efectivas; y a comunicarte de forma afectiva y efectiva para establecer relaciones sanas y equilibradas.

Te presentamos un curso único creado por Ana Sanjuán, colaboradora de la Escuela de Mentoring, experta en Inteligencia Emocional, que te permitirá descubrir y desarrollar que es la agilidad emocional, incrementar tu consciencia emocional, gestionar de forma más inteligente tus emociones, desarrollar la inteligencia relacional, ser más resiliente y antifrágil emocionalmente.  

Responsable del área de Inteligencia Emocional y mentoring educativo de la Escuela de Mentoring. Experta en Inteligencia Emocional.

Licenciada en psicopedagogía por la Universidad de Santiago, MBA por la Universidad de A Coruña. Programa de coaching ejecutivo y coaching sistémico de equipos en IESIDE.

Formadora del programa Educación Responsable de la Fundación Botín, formadora de docentes y equipos directivos de la Consellería de Educación en Galicia, y autora del programa Aprender a Ser de la editorial Santillana. Formadora de habilidades y competencias para entidades públicas y privadas.

Coach Senior certificada por Aecop y Coach Certificada en Coaching Sistémico de Equipos por ICF. Amplia experiencia profesional en el ámbito de RRHH en diferentes organizaciones en las que ha llevado a cabo el diseño y ejecución de programas de desarrollo de personas y equipos.

Colabora con diferentes entidades en el diseño y puesta en marcha de programas de mentoring. Entre otros, destacan el programa de mentoring de la Universidad de Vigo y Universidad de A Coruña, la red de mentores de la Fundación Barrié, programa de mentoring Cretus.

Durante el curso, que se desarrollará 100% en formato online a través del Aula Virtual de la Escuela de Mentoring, conocerás las claves de la neurociencia emocional y su aplicación a la agilidad emocional, trabajaras tu autoconocimiento y comenzaras a entablar un diálogo constructivo y efectivo con tus emociones,  desarrollarás tu empatía y resiliencia para convertirte en una persona antifrágil.

El curso cuenta con material en pdf y audio, ejercicios prácticos, herramientas y recursos. El curso incluye la realización de dos sesiones de mentoring grupal para trabajar de forma práctica la agilidad emocional entre los participantes.

Toda la información y detalles del curso puedes obtenerlos en este dossier. DESCARGAR DOSSIER 

El precio del curso son 300,00 Euros por persona. Si eres una empresa podemos enviarte una propuesta adaptada a tus necesidades para grupos mínimos de 8 personas.

Si deseas más información puedes contactar con nosotros en info@escueladementoring.com o a través de esta web.

 

 

Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar.

  Joan Manuel Serrat

Una carrera es un camino a recorrer para explorar todo nuestro potencial, para cumplir nuestros propósitos, para descubrir nuestros distintos “yos” y expresarlos, para, en definitiva, desarrollarnos en plenitud como seres humanos, que es algo que compartimos todos, aunque la manera de hacerlo sea diferente. Con cada decisión que tomamos y ponemos en práctica estamos construyendo nuestra carrera y nuestra identidad, y a la vez, estamos expresándonos en el mundo. En la carrera profesional que desarrollamos están implicados nuestros valores, nuestras motivaciones, nuestras aspiraciones, nuestro talento, y nuestra satisfacción y felicidad. Elegir bien, decidir con sabiduría y actuar estratégicamente marcan la diferencia en nuestra carrera y, lo que es más importante aún, en nuestra felicidad.

Una carrera profesional debe ser satisfactoria y significativa, y lo que hace que sea ambas cosas es la suma de satisfacción y significado en el ejercicio de las diferentes actividades y roles en los que nos involucramos.

Para sentirnos satisfechos necesitaremos que todos ellos nos proporcionen la seguridad económica, estimulo intelectual, vivencia emocional y comodidad/bienestar que necesitamos, (cada uno pone el listón y la intensidad donde considera). A mi por ejemplo, todas mis actividades y trabajos me permiten y me han permitido no tener necesidad de conducir, algo que no me gusta y que solo he hecho en 7 ocasiones para saber lo que era y decidir que no con conocimiento de causa. Esta es una área de bienestar y comodidad para mi de gran valor, que para el 90% de personas que conozco es visto como todo lo contrario. Al final estamos hablando de necesidades, cada uno tenemos las nuestras, nuestra propia jerarquía e intensidad. Unas personas le darán prioridad al estimulo intelectual y otras a la seguridad económica.

Para dotarla de significado, una carrera debe responder a un propósito, una misión, una causa por la que trabajar, esforzarnos. Hay múltiples causas por las que trabajar, la elección de una u otra depende mucho de nuestros valores personales y del contexto en el que vivimos. También debe proporcionarnos conexión con otras personas con las que creemos vínculos afectivos, compartamos inquietudes, intereses y nos sintamos a gusto. Debe permitirnos crear nuestra propia tribu y sentir que pertenecemos a ella. Y por último, debe posibilitarnos contribuir a ser útiles para algo o alguien, y que ese camino que hemos emprendido pueda ser referencia para otros, fuente de inspiración, una causa común que compartir y seguir.

Construir una carrera no es un camino fácil, ni lineal, es más bien una aventura llena de sorpresas, descubrimientos, piedras en el camino, reveses, revelaciones, encuentros y desencuentros. Cada día debemos estar conspirando activamente para lograrlo y seguir en el buen camino. Nos jugamos mucho con ello.

Llevo más de 24 años acompañando a personas en su desarrollo profesional: emprendedores/as, jóvenes, mandos intermedios, profesionales liberales, artistas, ejecutivos/as, altos directivos/as….  De las miles de conversaciones mantenidas con todos ellos he llegado a la conclusión de que no somos conscientes del impacto que nuestra carrera tiene en nuestra vida, que en la mayor parte de los casos nos damos cuenta tarde, y que muchas de las frustraciones e infelicidad que experimentamos derivan del camino elegido. Y todo ello porque una carrera impacta en lo más profundo y relevante de nuestra existencia:

1.-Impacta en nuestro desarrollo, ese deseo humano de transformarnos en quien queremos ser, esa necesidad de avanzar y evolucionar que satisfacemos a través del aprendizaje, que deriva de nuestras experiencias.

2.-Impacta en nuestra autorrealización, en la sensación de haber logrado desarrollar toda nuestra potencialidad, toda nuestra fuerza creadora, de ser a la vez únicos y a la vez parte del todo. De sentirnos libres y confiados siendo quienes somos y haciendo aquello en lo que creemos.

3.- Impacta en nuestro sentido de contribución: todos tenemos necesidad de sentirnos útiles y competentes, de saber que aquello que hacemos aporta valor. Todos necesitamos que nuestras obras contribuyan, porque en mayor o menor medida todos necesitamos sentirnos necesitados.

4.- Impacta en nuestro entorno y en la sensación de ser parte de él, de pertenecer, de estar vinculados a otros. Esta sensación influye en nuestra autoestima. Nos reconocemos por lo que hacemos, nos unimos por lo que mutuamente nos aportamos.

5.- Impacta en nuestra necesidad de transcendencia, entendida como la necesidad de dejar nuestra semilla, una parte de nuestro yo fuera de nosotros, como una forma de extenderlo más allá y garantizar su supervivencia.

6.- Impacta en nuestra felicidad, entendida como un funcionamiento psicológico óptimo, que produce plenitud, bienestar y satisfacción. Una carrera nos permite realizar actividades que nos hacen sentir bien, realizados y, además, nos permite lograr metas que son el alimento de nuestra felicidad.

Huella personal

Y tú, ¿que huella quieres dejar? ¿qué camino quieres recorrer?

En todo proceso de cambio es necesario formularnos las preguntas adecuadas para superar la ambivalencia al cambio: el “si, pero”.Una secuencia de preguntas que pueden ayudarte podría ser la siguiente, siempre partiendo del objetivo que tu te has marcado conseguir:

1º.- ¿Que quieres lograr con ese objetivo? ¿Qué resultado esperas obtener?

2º.– ¿Que habilidad necesitas desarrollar para lograrlo? ¿Qué actitud tendrías que cambiar para lograrlo?

3º.- ¿Cómo serías con esa nueva habilidad? ¿Cómo te verías con tu cambio de actitud? ¿Cómo sería tu vida tras el cambio logrado?  ¿Qué verías, que sentirías, que escucharías?

4º.- ¿Para qué quieres conseguir ese cambio? .¿Qué beneficios te va a reportar?

5º.- ¿Qué puedes empezar a hacer hoy diferente para lograr ese cambio?

6º.- ¿Que te está impidiendo hacerlo? ¿Qué te impulsa a hacerlo y que favorece que lo hagas?

Está última pregunta, nos haber un campo de exploración muy interesante que se da en todos los procesos de cambio y que suele pasar desapercibido, o no prestársele la debida atención. Se trata del análisis del campo de fuerzas del cambio de Kurt Lewin, una herramienta de trabajo para vencer la resistencia al cambio e impulsar el inicio de la primera acción para el cambio.

En todo los procesos de cambio se produce una brecha que separa la situación actual en la que estoy, de la situación deseada a la que quiero llegar. Esa brecha es un campo de fuerzas, donde luchan entre sí todos los los obstáculos, resistencias, creencias, deseos, necesidades, motivaciones, emociones, etc, que impiden a una persona estar donde quieren estar, lograr su meta. Kurt Lewin estableció que ese campo de fuerzas está presidido por una lucha entre un conjunto de fuerzas opuestas: las fuerzas impulsoras y las fuerzas represoras. Las fuerzas impulsoras o positivas son las que nos motivan al cambio, las que nos acercan a nuestro objetivo o situación deseada de cambio. Las fuerzas represoras o negativas son las que nos mantienen en la situación actual, conservan el status quo y frenan el cambio.

El análisis de Campo de Fuerzas es una herramienta que permite trabajar la resistencia al cambio a través de identificar las fuerzas positivas (impulsoras) y las fuerzas negativas (represoras) del cambio. La herramienta ayuda además a encontrar los factores (internos y externos) que pueden apoyar el cambio, así como a contrarrestar los factores internos y externos que pueden estar reprimiendo el cambio.

Cuando nos fijamos un objetivo y tenemos que lograr un cambio, no basta con centrarnos en los factores que empujan o favorecen ese cambio (fuerzas impulsoras, positivas, etc), es necesario también despejar, contrarrestar y eliminar las barreras o resistencias al cambio que representan las fuerzas negativas, frenadas o represoras del cambio. Esta herramienta nos permite tomar conciencia de todo lo que está influyendo de una forma positiva y negativa en nuestro proceso de cambio, y nos permite generar alternativas para reforzar lo positivo y eliminar lo negativo.

De una forma sencilla la herramienta del Analisis del Campo de Fuerzas de Kurt Lewin se utilizaría así:

1.– Se comienza por escribir una T en un folio en blanco o panel

2.– Arriba de la “T” se escribe el objetivo a alcanzar. Por ejemplo, quiero escribir 1 artículo al mes para colaborar en una revista.

3.– Primero analizaremos las fuerzas que nos impulsan hacia nuestro objetivo, pueden ser internas o externas. y las escribiremos en el lado izquierdo inferior de la “T”. Por ejemplo, me encanta escribir y me siento muy realizada haciéndolo, me ayuda a conseguir clientes, soy creativa, se me dan bien escribir, soy disciplinada, tengo personas que me siguen y animan a seguir escribiendo, pueden ser alguna de ellas.

4.-Después analizaremos las fuerzas que están frenando el logro del objetivo o que impiden que nos pongamos  en marcha y las escribimos en el lado derecho de la T. Por ejemplo, me cuesta concentrarme para escribir, no tengo tiempo, mi entorno no valora que escriba y me echa en cara que le dedique tanto tiempo, no se me ocurren ideas sobre las que escribir.

Fuerzas impulsoras y frenadoras del cambio

5.-Por ultimo se trata de priorizar las fuerzas impulsoras que pueden ser fortalecidas y acercarte de una forma más rápida y consistente al objetivo, e identifica las fuerzas represoras que si se eliminan o compensan facilitarían el cambio. En este punto es importante preguntarnos por cada fuerza represora que fuerza impulsora podemos oponer que la contrarreste, o bien que acción podemos llevar a cabo para eliminar o atenuar esa fuerza represora. Para las fuerzas impulsoras establecer estrategias de refuerzo.

Puedes consultar aquí una descripción más detallada de esta herramienta.

Mientras no logremos que las fuerzas impulsoras sean mayores y más fuertes que las frenadas el cambio se resistirá, y la persona que se está enfrentando a él estará sometida a un importante desgaste de energía, que prologando en el tiempo dará lugar a que desista del cambio.

La herramienta cuando trabajamos con un mentee sirve para que sea consciente del esfuerzo a emplear para lograr el cambio, esfuerzo derivado de tener que vencer y eliminar las fuerzas represoras que limitan el cambio.  La herramienta refuerza el compromiso con el cambio, y estimula la creatividad al generar un proceso de búsqueda de ideas para aportar más fuerzas impulsoras, proponer acciones para eliminar las fuerzas frenadoras y acciones para reforzar las fuerzas positivas. En los procesos de mentoring se utilizan las preguntas ¿qué puede impedir que logres el objetivo? ¿que necesitas para lograrlo? ¿qué puede ocurrir que sea un obstáculo para alcanzar tu objetivo? ¿que emociones negativas están bloqueando el cambio? ¿qué creencias lo están limitando? y similares para hacer consciente y explícitas las fuerzas frenadoras. Para hacer emerger las fuerzas impulsoras podemos utilizar preguntas del tipo: ¿que te motiva a lograr el objetivo? ¿con qué recursos cuentas? ¿cuales son tus principales fortalezas en este proceso de cambio? ¿con qué ayuda externa cuentas?

Ahora que conoces esta herramienta ¿cual es tu excusa para no comenzar a actuar y lograr tu meta?

 

A lo largo de estos más de 17 años muchas son las personas que se han acercado a nosotros para saber más del mentoring, sobre lo que hacemos, y que nos han transmitido su deseo de ser mentores y mentoras. Para nosotros la pregunta clave es ¿para que?, que les mueve, les motiva, que quieren lograr siendo mentores. En una gran mayoría hay una respuesta sincera, auténtica y profunda que encierra una verdadera vocación de liderazgo de servicio: contribuir a hacer crecer a otros, aportar a otros lo que han recibido, dar lo que tienen para que lo usen en su desarrollo, ayudar a que otros logren sus propósitos y metas en la vida. El liderazgo de servicio es una forma de entender la vida, entregada a una causa más grande que uno mismo.

Hace mucho tiempo que ayudamos a otros a descubrir su propósito en la vida y el camino de su liderazgo. Hace unos días nuestro compañero y colaborador Lucas Ricoy nos regalaba en facebook una frase que le da aún más fuerza a todo: “No es una fuerza ciega exterior, de la cual seamos juguete, sino la suma de dotes, debilidades y otras herencias que un ser humano ha recibido. La meta de una vida con sentido es escuchar la llamada de esa voz interior y hacerle caso mientras sea posible. El camino sería entonces éste: conocerse a uno mismo, pero no juzgarse y querer cambiar, sino dar a la vida, en la medida de lo posible, la forma que dentro de nosotros se insinúa”. Hermann Hesse.

El propósito de la Escuela de Mentoring, nuestra vocación, nuestra metodología están encaminadas a ayudar a otras personas a descubrir quienes son, aceptar y querer lo que son, ver las posibilidades que el mundo les ofrece para estar y ser como son, y comenzar a trazar y recorrer el camino para tener una vida creativa, de autor, propia.  Creemos, además, que esta sociedad se marchita, se muere, si sigue llenándose de vidas precarias, de prestado, vacías. Necesitamos más personas que inspiren, que alienten, que movilicen lo mejor de ellos mismos y de otros. 

La forma que hemos encontrado para hacer realidad todo ello ha sido el mentoring, por los valores que encierra esta práctica, porque es esencialmente humana, basada en la conversación y la relación, y porque es una pedagogía fundamentada en la libertad y el aprecio: la libertad de ser y el aprecio de aquello que se es, hacia uno mismo y hacia los demás. 

El liderazgo de servicio es sentir y vivir el liderazgo como un acto de servicio que se entrega a una causa, a una misión para hacer realidad en el mundo unos valores, unos propósitos que se consideran contribuyen al bien común, o al menos mejoran la vida de otras personas, además de nuestro propio beneficio o bienestar. En todo mentor hay un liderazgo de servicio, y el mentoring es sin duda una metodología muy adecuada para hacer realidad cualquier liderazgo de servicio.

La grandeza y complejidad del liderazgo de servicio reside en que se trata de una manera de vivir que se impregna en todos tus actos. Para nosotros ser mentor es mucho más que tener experiencia y dominar una serie de conocimientos, técnicas y metodologías. Es una forma de estar en el mundo, y esa forma no se aprende desde el conocimiento sino desde la convicción, el autoexamen continuo y profundo, y un deseo, casi obsesivo, por ser cada día mejor persona, mejor instrumento de servicio para acompañar a otros en la forma que más les ayude a desarrollarse y crecer, que no siempre en las más fácil, agradable, popular, segura, cómoda….

 

mentoring

Hoy nos gustaría compartir contigo como trabajamos todo esto en la metodología INTEGRAL GENERATIVE MENTORING y cuales son las características del rol de mentor o lider de servicio en el modelo de mentoring que buscamos:

1.- Profundo autoconocimiento personal, indagando de manera permanente sobre la intención con la que hacemos las cosas para evitar el autoengaño y la contaminación de las relaciones.  No es lo mismo hacer una pregunta para cuestionar una creencia limitante, a riesgo de que el otro se sienta molesto, incomodo, pero sabiendo que es el camino para su crecimiento, que evitarla y quedarte en preguntas circulares o superficiales para agradar y buscar el afecto y aprobación del otro.

2.-Saber establecer objetivos alineados a un propósito personal y hacer un camino para hacerlos realidad, huyendo de las distracciones, los impulsos, los atajos que te alejan de tu misión. Aprender a comprometerse con ella. Cuando acompañamos a otros tenemos que saber ayudarles a establecer objetivos y saber orientarlos hacia la meta que se han marcado, haciéndoles ver el valor del compromiso diario con ella, como única forma de lograrla.

3.-Practicar la reflexión como única forma de decidir con criterio, prudencia, y de tener un discernimiento claro. Reflexión continua sobre la experiencia para aprender a ser mejor cada día, a ejercer mejor tu función y tu misión, a buscar la mejor manera de lograr las metas. El mentoring es aprendizaje de la experiencia a través de la práctica de la reflexión guiada y consciente de un mentor. Las sesiones de mentoring son un espacio para reflexionar, y tras cada sesión el mentor debe hacerse preguntas acerca del desempeño de su rol, pensar en cómo lo ha realizado para hacerlo mejor en cada sesión. A través de una toma de decisiones reflexiva y una revisión de acciones y resultados responsable y consciente se adquiere la sabiduría, ultimo peldaño de la escalera del aprendizaje.

Una vida sin reflexión, no es una vida en sí misma. Aristóteles

4.- Ejemplificar a través de la acción, convertir las decisiones en acciones, poner en práctica todo aquello que se predica. El aprendizaje, la mejora continua, además de reflexión requiere acción. El mentor impulsa a la acción, la acompaña, la estimula, la incita. No se logran metas, no se llevan a cabo proyectos que generen impacto positivo a nuestro alrededor sin acciones concretas, precisas y alineadas. Perseverar en la acción es una de las claves para el logro de metas. En el mentoring se educa la voluntad y se trabaja la autorregulación emocional para evitar la inacción, la inercia y la vida errática.

5.- Mantener un equilibrio vital, que combine de una manera fluida el trabajo y el descanso, la acción y la reflexión, razón y emoción, exigencia y flexibilidad, una sana gestión de roles, una equilibrada satisfacción de nuestras diferentes necesidades, de nuestras distintas facetas vitales. Saber hacer paradas y pausas para reestablecerlo, estar consciente de que en un minuto se puede traspasar el límite y caer en el estrés, la inercia, el vacío, el sin sentido, la mala salud. Un mentor es un ejemplo de vida equilibrada y un artista en la gestión de diferentes roles, entre ellos, el de mentor.

6.-Conversar para comprender, para reflexionar, para aprender, para compartir, para co-crear, para ampliar la mirada. Conversar con profundidad, con agudeza, con aprecio, con consciencia, con entrega. La conversación elevada e inteligente es la herramienta por excelencia de un mentor y es el gran legado que le deja a su mentee, una forma de conversar con uno mismo y con los demás que nos hace aprender, que nos aporta sabiduría y nos hace ser excelentes. Conversar para huir de la solución inmediata, rápida, fácil, a corto, y profundizar más en las causas sistémicas de las situaciones, las experiencias, teniendo en cuenta las consecuencias a largo plazo y el impacto en nuestro entorno. Conversar para no perder nunca el foco, la meta, el propósito, la misión, los valores.

7.- Practicar la atención y consciencia plena como vía para superar los egos, las pasiones, los instintos para ser capaz de comprender diferentes visiones del mundo y trabajar con personas diferentes, incluso con las que no compartimos valores y enfoques. Saber empatizar y adaptarse a diferentes personas, situaciones, contextos. Guiar y acompañar centrándonos en las necesidades del otro, en sus valores, sus motivaciones, sus aspiraciones, sin dirigir, sin intentar convencer, sin juzgar. Todos tenemos un estilo personal de ejercer el mentoring, pero debemos conocerlo para identificar donde tenemos que realizar ajustes, modular nuestro comportamiento para prestar el mejor servicio a nuestro mentee. Si no somos conscientes de nuestros sesgos subjetivos y de nuestras necesidades no satisfechas (brillar, convencer, controlar, agradar), de cómo influyen en nuestra percepción y en nuestra acciones no podremos acompañar de forma respetuosa y apreciativa a otras personas. El primer trabajo en nuestro modelo de mentoring es hacer consciente al mentor de cuando está imponiendo su ego y su visión en la relación de mentoring, o de cuando la está utilizando para satisfacer sus necesidades, en vez de entregarse por entero a acompañar a otro desde la consideración incondicional positiva.

Decía esta semana Fernando Vallespin en su artículo en El País que “Vivimos en la época del posliderazgo. Los líderes se dejan llevar por las emociones que ellos mismos desatan y que luego son incapaces de administrar.Necesitamos un nuevo modelo de liderar y lo que me han enseñado mis años de experiencias con el mentoring es que esta práctica puede ser de gran utilidad. 

En un mes aproximadamente comenzamos una Certificación Internacional en Mentoring en una empresa extranjera que quiere capacitar como mentores al equipo directivo del nivel más alto de la compañía, para que ejerzan un liderazgo basado en el mentoring y que lo transmitan y enseñen al resto de la organización. Es la primera iniciativa de este nivel que conocemos en el mundo, esperamos que el ejemplo se contagie y logremos organizaciones más saludables.

Disponible a la venta en Amazon ;  Ediciones Pirámide;  Google Books ;El Corte Ingles; Casa del Libro;FNAC

        El mundo líquido en el que estamos inmersos demanda nuevas formas de aprender y adaptarse a los cambios. El mentoring proporciona a personas y organizaciones una fórmula para aprender de una forma ágil, inteligente y estratégica. Este libro te proporcionará la ruta para navegar en la era del aprendizaje. En él descubrirás un modelo para construir relaciones y mantener conversaciones transformadoras. 

         Una conversación de calidad transforma nuestro cerebro, lo expande. El mentoring facilita los procesos de cambio  personales y organizacionales a través de conversaciones que se transforman en decisiones, decisiones que se convierten en acciones, y acciones que producen resultados. Gestionar personas y organizaciones a través de conversaciones tiene un efecto multiplicador del talento.

Autora: Mª Luisa de Miguel

 

Otros puntos de venta:

Perú: Ibero Librerías

México: Librerías Gandhi; Rakuten Kobo

Estados Unidos: Rakuten Kobo; books a millon;amazon;

On line: Google play; applebooks;

 

Estamos de celebración, después de un año de intenso trabajo por fin ve la luz el nuevo libro sobre de nuestra Directora Ejecutiva, Mª Luisa de Miguel :«Mentoring, un modelo de aprendizaje para la excelencia personal y organizacional», editado por Ediciones Pirámide (Grupo Anaya).

El mundo líquido en el que estamos inmersos demanda nuevas formas de aprender y adaptarse a los cambios. El mentoring proporciona a personas y organizaciones una fórmula para aprender de una forma ágil, inteligente y estratégica. Este libro te proporcionará la ruta para navegar en la era del aprendizaje. En él descubrirás un modelo para construir relaciones y mantener conversaciones transformadoras. 

Una conversación de calidad transforma nuestro cerebro, lo expande. El mentoring facilita los procesos de cambio personales y organizacionales a través de conversaciones que se transforman en decisiones, decisiones que se convierten en acciones, y acciones que producen resultados. Gestionar personas y organizaciones a través de conversaciones tiene un efecto multiplicador del talento.

El libro estará disponible en la principales librerías de España y Latam a partir del 19 de Septiembre. También lo puedes adquirir en Amazon.Puedes consultar disponibilidad en tiendas en google books. El Corte Ingles; Casa del Libro

El próximo mes comenzará con la gira de presentaciones del libro, ya tenemos confirmada la presentación en Bilbao y Burgos y estamos negociando en otras ciudades de España y Latam. Os mantendremos informados a través del blog de las distintas fechas y lugares donde María Luisa de Miguel estará presentando el libro, y recibiréis una invitación a través de nuestro newsletter. Nos encantaría contar con vuestra presencia presencia, y si hace tiempo que nos sigues a través de redes sociales o de nuestro blog será un placer conocerte en persona.

Si tienes oportunidad de leer el libro, agradeceremos mucho vuestro feedback y comentarios. El mentoring es una práctica que se está implementando a nivel personal y organizacional en muy diferentes ámbitos. Cada experiencia, cada punto de vista, cada aportación es valiosísima para enriquecer esta metodología que está basada en lo más valioso del ser humano: la relación y la conversación.

La autorregulación emocional es un proceso conversacional con nosotros mismos, a través del cual alineamos pensamientos, emociones y acciones para lograr los objetivos que nos proponemos. Este tipo de conversación autorregulatoria nos ayuda a no desviar nuestra atención de la meta, a no perdernos por otros caminos o en otros proyectos que nos distraen y alejan de dicha meta. Diversas investigaciones han demostrado que ser capaz de autorregularse resulta crucial para obtener éxito en la vida. (Dignath y Büttner, 2008; Dignath, Büttner y Langfeldt, 2008; Zimmerman, 2011).

En el proceso autorregulatorio la clave está en equilibrar las metas de crecimiento y las de bienestar, según señala  Boekaerts (1999). El crecimiento completa el circuito neurobiológico de la motivación logrando la satisfacción y el bienestar. El problema está en que ambos se obtienen al final del mismo, cuando se alcanza la meta, y mientras se está en el camino de su consecución suele primar la meta de bienestar, asociada al placer y a la evitación del esfuerzo. En cada momento del viaje hacia nuestro objetivo experimentados esa duda entre continuar centrados en la meta o abandonarnos en tareas más placenteras, especialmente, cuando tenemos que realizar acciones o tareas que no nos agradan, que nos suponen esfuerzo, o cuando además hay otras alternativas más fáciles que aportan una satisfacción inmediata. Asimismo, en dicho viaje es importante no recargar el mismo de acciones que supongan un esfuerzo continuado, una obligación o un deber, puesto que nos impediría experimentar bienestar en la travesía y comprometerá nuestra motivación para perseverar hacia la meta.

La autorregulación emocional es el arte de la elección, entre aquello que me apetece hacer ahora pero me aleja de mi meta, y aquello que a lo mejor no me agrada tanto pero me acerca a mi meta. Quiero compartir contigo 7 claves que te ayudará a dominar la competencia emocional de la autorregulación a metas.

7 CLAVES PARA AUTORREGULARSE EMOCIONALMENTE

1.- Fijar una meta autoconcordante 

Una de las claves para autorregularse es anticipar la recompensa que nos va a aportar el logro de la meta. Para ello es imprescindible fijar una meta que realmente sea importante para nosotros, conectada con nuestros valores, nuestros estilos motivacionales, nuestros intereses, nuestro potencial y nuestras características personales, que sea significativa y tenga sentido para nuestra vida. Este tipo de metas se denominan autoconcordantes. Anticipar la meta supone imaginarla en el presente, visualizarla, sentirla, recrearnos en ella, y volver a esa imagen y visión cada vez que aparecen distracciones, otras metas más placenteras, dudas, miedos, etc.

Para fijar una meta autoconcordante te propongo realizar el ejercicio “objetivos con encaje”.

2.- Atención selectiva

La atención es nuestra arma más poderosa. Aquello a lo que prestamos nuestra atención dirige nuestra conducta y explica nuestros resultados. Dirigir la atención nos ayuda a identificar las oportunidades que nos ayudan a lograr nuestras metas y a dejar pasar aquellas que no contribuyen a ellas. Manejar la atención nos permite filtrar la información en base a la relevancia que ésta tiene y aporta a nuestra meta, desechando toda la demás, que nos ocupa tiempo, espacio y energía. Mantener a raya nuestra atención, evitando las distracciones que nos desconcentran de la meta es todo un ejercicio de autorregulación.

3.-Selección auto-concordante de acciones

Lograr metas exige acción, el problema es que a veces no sabemos elegir bien las acciones que nos ayudarán a alcanzarla, o bien, son acciones que chocan con nuestros valores, nuestras motivaciones. Actuar, cuando además exige cambios, hacer cosas nuevas, o dejar atrás hábitos no efectivos, supone un esfuerzo y grandes dosis de motivación. Todos estamos inmersos en una red de roles y demandas que a veces nos resulta difícil de cumplir y equilibrar. La motivación es un bien muy preciado, es la energía que nos mueve para actuar, por eso es tan importante cuidarla y saber como generarla, transformarla y regenerarla.

Si la mayor parte de nuestras acciones no producen resultados que nos hagan avanzar hacia nuestra meta, aparecerá la frustración y con ella el abandono del camino hacia la meta. Si las acciones que emprendemos no tienen en cuenta nuestros intereses, motivaciones, áreas de disfrute, valores, preferencias, consumiremos mucha energía en su puesta en práctica y nos quedaremos desgastados, desmotivados. Cuando nos atrapan los estados emocionales negativos se apaga nuestra iniciativa, nuestra claridad mental, nuestra creatividad, nuestras mejores capacidades.

A la hora de elegir acciones para conseguir metas es importante evaluar si nos acercarán o alejarán de ella, cómo contribuyen al logro de dicha meta, y cómo podemos llevarlas a cabo desde una motivación intrínseca u optima.

4.-Saber distinguir entre persistir y perseverar

La trampa de la persistencia nos atrapa en una espiral de actividad sin sentido. Persistir es continuar con una actividad o un proyecto que ha dejado de tener sentido o valor para nosotros, probablemente porque cuando se estableció no se realizó de forma autoconcordante, o porque en el camino han aparecido variables que la han despojado de sentido, o bien el esfuerzo a emplear en relación al beneficio a obtener no compensa y puede comprometer el logro de otras metas, o nuestro desarrollo futuro.

Cuando iniciamos el proyecto o la actividad si tenía un valor, pero en el camino dejo de tenerlo, y por no verlo, por no querer asumirlo, seguimos insistiendo. También nos engañamos pensando únicamente en los perjuicios de abandonar, sin prestar atención a los beneficios. Es nuestra manera de justificar la persistencia. Persistir es una trampa mental porque nos lleva a seguir invirtiendo nuestro tiempo y esfuerzo en algo que ha dejado de tener sentido o de contribuir al logro de nuestros intereses y objetivos.

Sin embargo, perseverar implica firmeza en la consecución de los objetivos a pesar de las dificultades y los obstáculos. Perseverar y no persistir nos ayuda a desarrollar una personalidad resistente. Lo que te desconecte, te aleje o te desvié de tu meta, lo que ha perdido valor, abandónalo y no dejes que te atrape.

5.- Evitar la hipermotivación

Hay personas que viven iniciando nuevos proyectos, nuevas metas, pero que nunca completan el circuito de la motivación. Viven enganchados a la dopamina de la excitación del inicio, del nuevo reto, pero no saben mantener la motivación hasta el final para lograr la meta. Para sentirse “aparentemente bien” hacen y hacen, pasan de una actividad a otra, de un objetivo a otro, de un proyecto a otro, se hiperactivan, se hipermotivan, se abandonan en los brazos de la multitarea.

Para mantener una motivación optima y sana hace falta voluntad, la media naranja de la motivación, la que aporta la perseverancia en su matrimonio. Y la voluntad es reflexiva, se para, analiza, compara, elige, evalúa y rectifica si es necesario. La voluntad ahorra tiempo y energía a una motivación, a veces, descontrolada. Motivación y voluntad son la alianza de emoción y razón para el logro de nuestras metas, un uso eficiente de nuestro cerebro.

6.- Mantener un diálogo constructivo con nosotros mismos.

La forma en la que nos hablamos determina nuestros resultados. Para autorregularnos necesitamos conversar con nosotros, y esa conversación gira en torno a lo que queremos y para que lo queremos, a qué dice de nosotros, a cuales serán las mejores vías de conseguirlo, a cómo han sido los resultados, qué ha funcionado y que no, que sería necesario cambiar para mejorar.

Manejar nuestro diálogo interior, no dejar que los pensamientos rumiantes ocupen nuestra mente, analizar la experiencia y sus resultados con un enfoque a soluciones y no a problemas, centrarnos en nuestras expectativas y no en las que otros tienen de nosotros, negociar con nuestros miedos, plantarles cara, tener presentes los logros, el avance, son algunas de las estrategias para mejorar la calidad de nuestro diálogo.

El logro de metas requiere de un diálogo constructivo que refuerce nuestro capital psicológico: autoeficacia, optimismo, esperanza y resiliencia. Un diálogo que nos haga tomar conciencia de donde estamos, hacia donde vamos, qué hemos hecho, cómo ha resultado, y qué más necesitamos hacer. Debemos aprender a dialogar con nuestra experiencia para aprender de ella.

Cómo dialogar de forma efectiva con nosotros mismos

7.- Aprender de modelos

Las personas que elegimos como modelos nos inspiran y la inspiración es una fuente de metas autoconcordantes. Mihaly Csikszentmihalyi cuenta en su libro Flow que las personas que han crecido con referentes que les contaban historias de logros, retos, hazañas y experiencias importantes, suelen tener más facilidad para fijar metas autoconcordantes.

Además, el aprendizaje por observación es una estrategia que el ser humano ha utilizado de forma efectiva a lo largo del tiempo. Es más, cerebralmente hablando venimos con un mecanismo, las neuronas espejo, especialmente pensado para aprender observando e imitando. Observar e interactuar de forma continua con personas que son un ejemplo de autorregulación emocional nos permite aprender de ellas y, además, puede resultar contagioso. Según una serie de estudios realizados por científicos de la Universidad de Georgia, en Estados Unidos, dirigidos por Michelle vanDellen (2009 y 2015): las personas que observan a otras actuar con un buen nivel autorregulación y autocontrol (incluso después de observarlas cuando piensan en ellas: efecto resonante) se vuelven más propensas a auto-controlarse. 

Contar con un buen mentor o mentora nos ayuda a desarrollar nuestra autorregulación emocional para el logro de metas.

La autorregulación emocional es una habilidad que se aprende y desarrolla, si quieres comenzar a entrenarla te podemos acompañar.