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El pasado 16 de Abril fue el Día Mundial del Emprendimiento y lo hemos celebrado presentando los resultados del Programa de Mentoring de Youth Business Spain en el Congreso de los Diputados, mostrando las aportaciones de los emprendedores y emprendedoras a la economía de nuestro país durante los años 2018 a 2022.
Las 2242 empresas que han recibido mentoring en esos años han generado una facturación representa un impacto directo en el PIB de más de 205 millones de euros, unos beneficios empresariales de 21,3 millones de euros, una recaudación por impuestos ligados a beneficios de 6,8 millones de euros, que llega a los 100 millones en total incluyendo otras partidas impositivas, como IVA e IRPF y 4932 empleos, que suponen más de 340 millones de euros en salarios directos. Todo ello se estima que ha producido un impacto económico indirecto de más de 603 millones de euros en 5 años en la economía de nuestro país.
Quiero resaltar la cifra de empleo generado por estas 2242 pequeñas y medianas empresas,porque está muy por encima, por ejemplo, del creado por todo el grupo INDITEX en España en el mismo periodo. A veces más beneficio económico no se traduce en más empleo, y 4932 empleos son 4932 oportunidades de vida para muchas personas y sus familias. Crecimiento económico sin creación de empleo no construye sociedades inclusivas.
Detrás de estas cifras hay una historia que encierra valiosos aprendizajes, además de muchos valores y significados compartidos. Se trata de una historia labrada durante 5 años por una red humana de más de 9000 personas: 2541 emprendedores y emprendedoras; sus negocios 2242 sueños, que comienzan pequeños pero se van haciendo más grandes tras su paso por el programa de mentoring y generan 4932 empleos; sus faros y sus guías, los 1204 mentores y mentoras del programa y todos ellos apoyados e impulsados por la comunidad de entidades sociales que forman YBS y todas las personas que trabajan en ellas, que son los cooperadores necesarios para que todo esto funcione y hacen que el mentoring esté presente en toda España para acompañar el emprendimiento.
Y lo hacen muy bien porque el programa ha crecido considerablemente en estos últimos 5 años a tenor de lo que revelan los datos de participación: se ha producido un incremento del 168% en el número de negocios apoyados por el programa con respecto a los 5 años anteriores. También han aumentado en un 185% las relaciones de mentoring generadas por el programa y en un 61% las personas mentoras que apoyan a los emprendedores y emprendedoras. El mentoring de YBS atrae, y mucho.
Impacto del mentoring en los mentores y mentoras
Uno de sus grandes atractivos, sin duda, es la contribución altruista, generosa y desinteresada de los mentores y mentoras que guían y acompañan a las personas emprendedoras, porque sin ellas el mentoring no existe. Los 1204 mentores y mentoras participantes en el programa en estos 5 años ha donado 34.926 horas de su tiempo, además de toda su energía, esfuerzo, conocimientos, experiencia, habilidades y mucha paciencia, apoyo, empatía y amor.
El mentoring nos enseña que “siempre que das de manera genuina, sin esperar nada a cambio, recibes mucho más”. Diversas investigaciones a nivel internacional sobre la práctica del mentoring, en diferentes ámbitos, muestran que quienes son mentores tienen mayor satisfacción y motivación en el trabajo y en su vida, se sienten rejuvenecidos, mejora su reputación, desarrollan habilidades interpersonales y de comunicación de una forma que no lo hace ningún programa formativo y todo ello impacta en el éxito profesional a medio y largo plazo.
Los resultados del programa de YBS corroboran estos beneficios: los mentores y mentoras participantes en él, consideran que, gracias al mentoring, son personas y profesionales que escuchan mejor, construyen relaciones con mayor empatía, se adaptan mejor a diferentes perfiles de personas, preguntan con más profundidad y agudeza, aportan mejor feedback, son más asertivos, son más conscientes de como se comportan y comunican y muchos más efectivos en las sesiones y conversaciones de mentoring.
Estos aprendizajes los trasladan a su empresas y roles profesionales: muchas de las habilidades desarrolladas en el mentoring, sobre todo la escucha y las preguntas las emplean con clientes y proveedores; cuando comprueban el poder de las conversaciones de mentoring las aplican con sus empleados; el contacto con los emprendedores y emprendedoras, que suelen ser más jóvenes y de sectores de actividad diferentes, les abre a nuevas ideas que trasladan a su actividad profesional.
Si de algo están necesitadas las empresas hoy en día, y la sociedad en general, es de personas y líderes con más empatía, más asertividad, que escuchen mejor, que sepan adaptarse a una gran diversidad de personas y que tengan conversaciones de mayor calidad. En lugar de enviar a sus directivos y directivas a costosos programas formativos de liderazgo, quizás deberían potenciar el voluntariado corporativo a través del mentoring, involucrándolos como mentores y mentoras en programas como el de YBS.
Ejercer como mentores y mentoras, también aporta otros beneficios como el crecimiento de su red de contactos, mayor visibilidad, mejora de la imagen como directivo/empresario. Muchos nos han compartido que la labor de mentor es apreciada por clientes, empleados, familiares y su entorno en general, lo perciben y valoran como un acto de generosidad y de prestigio. Y sobre todo, para más del 80% de los mentores y mentoras su participación en el programa de YBS ha incrementado sus niveles de satisfacción personal y profesional y su compromiso social, algo que se traduce, por ejemplo, en el hecho de que más de la mitad repiten como mentor durante varios años y muchos extienden su labor a otros programas de mentoring. Acompañar a otras personas aportando su experiencia y ver como les ayuda a crecer personal y profesionalmente les produce una satisfacción increíble, además de que les sirve para reciclarse, renovarse y no oxidarse.
Llevamos viviendo muchos años bajo la idea de que la organización mercantil de las actividades es la solución más eficaz, sin embargo, el compromiso de las personas con su trabajo y sus empresas está bajo mínimos, solo un 10% en España y un 13% en Europa según los últimos informes de Gallup, mientras los índices de estrés y problemas de salud mental aumentan de forma escalofriante. Los resultados del programa de mentoring de YBS debería hacernos reflexionar sobre el poder transformador del altruismo, la generosidad, la solidaridad y la colaboración para construir un mundo de personas más satisfechas, realizadas, comprometidas y sanas.
Impacto del mentoring en las personas emprendedoras y sus negocios
Para los protagonistas de esta historia, los emprendedores y emprendedoras, los resultados son también muy positivos, experimentando mejoras en las competencias asociadas al talento emprendedor, en las capacidades de gestión de sus negocios y en su vida personal.
El programa de mentoring YBS ha contribuido a que un 73% de las personas emprendedoras mejoren en competencias como la orientación a resultados, que tomen mejores decisiones para sus negocios y sean más proactivos y organizados para ponerlas en práctica. A ello ha contribuido que han ganado mayor seguridad en sí mismos, incrementado su optimismo, ampliado perspectivas, son más reflexivos y han desarrollado su pensamiento crítico, su liderazgo y sus habilidades de comunicación.
Los emprendedores destacan que las sesiones de mentoring les han ayudado a definir bien sus objetivos, hacerse las preguntas correctas, tener las cosas más claras, resolver de forma más rápida y ampliar y diversificar su red de contactos. Todo ello les ha dado una mayor solidez psicológica y una mejor gestión de sus negocios, sobre todo a nivel de estratégica, desarrollo de modelo de negocio, gestión económica, conocimiento de su sector de actividad y gestión de las ventas.
Cuando los emprendedores son más competentes para gestionar sus negocios su situación económica mejora, así como su empleabilidad, pero sobre todo su satisfacción laboral y personal. El mentoring les ha servido para emprender con seguridad, al sentirse acompañados y respaldados por personas con más experiencia, que les ayudan a ver cómo hacer bien las cosas e ir por el buen camino, disfrutar con su negocio y verlo crecer y sentirse en paz y tranquilos con todo ello.
Sus palabras nos recuerdan que no podemos comprometer nuestra vida, nuestra salud, nuestra satisfacción personal por el éxito de nuestros negocios, tenemos que aprender a hacer convivir armónicamente el éxito personal y el profesional, el éxito intrínseco y el extrínseco. El mentoring se revela como una gran herramienta para ello, porque está centrada en el mejoramiento humano. Los mentores y mentoras invierten en mejorar personas que luego mejoran sus negocios, pero también otros muchos aspectos de su vida y entorno. Mejorar personas es mejorar sociedades.
Emprendedores más seguros, más tranquilos, más felices y más competentes toman mejores decisiones y hacen negocios más fuertes. Su desempeño empresarial es más sólido, un 77% gestionan mejor sus negocios, un 70% es más optimista respecto a su capacidad para hacerlos evolucionar positivamente y un 57% considera que el programa ha contribuido a reducir los riesgos del negocio y a aumentar la confianza en su capacidad de afrontarlos.
La mayoría de los negocios acceden a tramos de facturación más altos tras su paso por el mentoring. Además, se duplican las empresas que acceden a tramos de facturación por encima de los 250.000 y los 500.000 euros, tras su paso por el programa.
Los 4932 nuevos empleos generados por los negocios participantes en el programa a lo largo de los 5 años analizados, suponen una media de 2,2 puestos de trabajo por negocio, frente al 1,9 del periodo 2013-2017 anterior. Un resultado que cobra más relevancia si tenemos en cuenta que en el periodo 2018-2022 se incluye los años crisis causado por el COVID.
Los negocios que reciben mentoring experimentan una evolución muy positiva: el 83% deciden emprender y crear una empresa: en total se han creado 829 negocios en los 5 años; del total de los que se han creado, más los que inician el mentoring ya en marcha, un 98% logran crecer accediendo a fase de consolidación y expansión (2197 negocios) y en estos 5 últimos años los negocios que acceden a la fase de expansión suponen un incremento del 1086% con respecto al periodo anterior.
Mejor desempeño empresarial se traduce en incremento de la facturación, creación de empleo y crecimiento de los negocios, que explican que la tasa de supervivencia alcanzada por las empresas del programa de mentoring de YBS alcance el 91% (4 puntos por encima del periodo anterior 2013-2017) y a pesar del Covid que no se lo puso fácil a las empresas para seguir resistiendo y creciendo.
Con estos resultados es fácil comprender los altos niveles de satisfacción que ha alcanzado el programa. En 10 años la comunidad de entidades sociales que conforman YBS han hecho muy felices a 3641 emprendedores y emprendedoras que han visto nacer, crecer y consolidarse sus sueños, esos 3012 negocios a los que ha llegado el programa de mentoring, con un índice de satisfacción del 86%. Todo ello se traduce en que el 96,65% lo recomendaría a otros emprendedores y emprendedoras dado que para todos ellos ha sido una experiencia muy enriquecedora y transformadora.
Así lo revelan las 11 historias vividas por sus protagonistas, durante el proceso de mentoring, que incluimos en el informe de resultados del programa. Son las historias de Alejandro, Sandra, Tania, Oscar y otros muchos. Historias que hablan de como el mentoring ha sido clave para tener resiliencia ante la incertidumbre, fortalecer la vocación emprendedora, aumentar los ingresos, visibilizar el negocio, mejorar el liderazgo y la toma de decisiones, un “salvavidas para el estrés y la ansiedad”, disfrutar de una mayor calidad de vida, claridad y seguridad.
Apostar por el mentoring es invertir en el crecimiento económico de un país y en el fortalecimiento de los valores democráticos
Uno de los pilares de la democracia es el diálogo entre las diferencias para crecer juntos y mejorar como sociedad. Sin duda todos los resultados del programa de mentoring de YBS reflejan el poder del diálogo entre diferentes generaciones, entre hombres y mujeres, entre diferentes procedencias culturales y económicas para hacer realidad sueños, para transformar vidas, para hacer crecer negocios, para generar empleo, riqueza y bienestar.
Apostar por el mentoring es mucho más que invertir en el crecimiento económico de nuestro país, es también invertir en el fortalecimiento de los valores democráticos, que tanto nos ha costado conquistar y que tenemos que seguir defendiendo en un mundo cada vez más polarizado, con más conflictos y más guerras. El mentoring nos recuerda, como ya dijo Mario Benedetti, que el secreto de un largo amor es el diálogo entre las diferencias.
34.926 horas de diálogos compartidos entre personas mentoras y emprendedoras han contribuido a hacer crecer 2242 empresas, crear 4932 empleos, mejorar la vida de miles de personas y seguramente, sembrar mucho amor a su alrededor.
Autora: Maria Luisa de Miguel
Directora Ejecutiva Escuela de Mentoring
Referencias:
De Miguel, et al (2024). Evaluación del impacto socioeconómico del programa de mentoring de Youth Business Spain. Periodo 2018-2022. Ed. Escuela de Mentoring y Observatorio del Emprendimiento de España. © 2024 Youth Business Spain. Todos los derechos reservados. ISBN: 978-84-09-59784-0. ACCESO AL DOCUMENTO
Autores/Investigadores del estudio: Mª Luisa De Miguel, Ana Fernández-Laviada, Julio Batle, Bernardo García, Juan Pablo Dianez, Luis Ruano, José Manuel Sánchez y Pilar Piñeiro.
En medio de todas las noticias relacionadas con la «Gran Renuncia», «Trabajadores Zombi», o «los grandes desafíos del talento en las organizaciones», me vienen a la mente numerosas ideas, reflexiones e inquietudes que me conectan con la lectura del libro «El Artesano» de Richard Sennet. Una de ellas es la paulatina separación, a la que estamos asistiendo desde hace ya muchos siglos, entre «el hacer» y «el pensar», entre «el sentir» y «el hacer», que nos está privando del sentir haciendo.
Los oficios artesanos de la Edad Media eran el paradigma de la conexión entre cuerpo, mente y emoción. Unas manos afanosas guiadas por la emoción del contacto con la materia (oro, seda, madera, metal…), descubriendo en ella posibilidades de forma infinitas, imperfecciones que podían convertirse en seña de identidad, imaginando formas para servir a su uso pero también a la experiencia sensitiva de su usuario, experimentando la emergencia mental de ideas de cómo darle forma y convertirlas en una pieza única. La artesanía no estaba guiada por la uniformidad y la producción en masa sino por la esencialidad de cada pieza única y la excelencia en el trabajo. La industrialización trajo la mecanización del trabajo y la imposición del valor de la uniformidad y la perfección, que no es propio de los humanos, sino de las máquinas. Ese ideal de perfección es la causa de una pérdida paulatina de la confianza y seguridad de las personas en sí mismas por la imposible carrera de lograr resultados perfectos una y otra vez, que a su vez genera resistencias al aprendizaje experiencial por el miedo a hacer y fallar, por el temor a cometer errores.
La obsesión por la perfección anula la creatividad, la improvisación, le quita pasión al trabajo, la emoción de probar y probar para ir haciéndolo cada vez mejor, la oportunidad de descubrir una nueva posibilidad tras un resultado no esperado. Si a ello le unimos otro de los valores de la era industrial, la producción en masa, y la obsesión por la inmediatez de resultados de los tiempos actuales, nos encontramos que el placer de experimentar, de aprender experimentando, practicando una y otra vez para mejorar, realizar un trabajo de calidad en el que esté presente parte de nuestra esencia, está condenado al aislamiento.
Decía Voltaire que «Lo perfecto es enemigo de lo bueno»y que lapersecución de la perfección puede llevar a los seres humanos a la amargura antes que al progreso.
La separación cuerpo, mente y emoción en la ejecución de tareas nos priva de muchos beneficios a nivel cognitivo, emocional, expresivo y de otro tipo. Basta leer, por ejemplo, las numerosas ventajas que se asocian con escribir a mano: mejora del aprendizaje y la memoria, estimulo de la creatividad, favorece el pensamiento crítico y aumenta la concentración.
Pensar con las manos, involucrar el cuerpo y la mente en la realización de cualquier trabajo, sentir la experimentación, nos permite crear un vínculo personal y emocional con el trabajo, con la tarea. La necesidad de conexión, de vínculo y relación es una necesidad humana básica, somos seres sociales y relacionales. Esa necesidad se satisface en el trabajo en tres formas diferentes, que integran lo que se conoce como conciencia material
– metamorfosis: alterando la materia, el modelo, la forma, creando modelos propios, formas de hacer propias. En cierta forma, la metamorfosis que se experimentan jugando con el trabajo es una forma de extensión del poder creador que todos poseemos y nos hace sentir vivos, es como volver a nacer en cada trabajo.
– presencia: dejando una impronta personal en el trabajo, sintiendo que estamos en él, que habitamos y vivimos en él. El trabajo, la realización de actividades, desde el inicio de los tiempos ha sido uno de los medios que el ser humano ha tenido para transcender, de ahí que trabajar no solo sea hacer, estar ocupado, ganarse la vida, su importancia es mucho mayor, es un medio para realizarnos, desarrollar nuestra personalidad y transcender y, para ello, necesitamos sentir que estamos presentes en él, que nuestra especial característica de realizarlo, fruto de nuestra personalidad, está presente en él.
– antropomorfosis: atribuyendo cualidades humanas a los objetos materiales, como cuando decimos que una aplicación de sotfware es intuitiva o una plataforma es amigable. Otorgamos cualidades humanas al producto de nuestro trabajo porque, en cierta forma, es una manifestación de nuestro ser y con ello mantenemos el vínculo emocional, la relación con él, algo que sería más difícil si lo viéramos exclusivamente como algo inerte, físico, separado, desprovisto de humanidad.
«En cada bloque de mármol veo una estatua tan clara como si se pusiera delante de mí, en forma y acabado de actitud y acción. Sólo tengo que labrar fuera de las paredes rugosas que aprisionan la aparición preciosa para revelar a los otros ojos como los veo con los míos». Miguel Angel Buonarrotti
Esta frase de Miguel Angel Buonarrotti revela lo que es la conciencia material y la relación con el trabajo, esa capacidad de ver, imaginar anticipar lo que será antes de que sea, esa sensación de estar ya sumergido en él, fusionando el ser y el hacer, sintiendo que juntos somos todo uno.
Como escritora me siento más artesana que técnica y, a pesar de que el ordenador es la herramienta final del trabajo, todo libro comienza en una libreta y sus páginas se van llenando de ideas, reflexiones, anotaciones. La inspiración, la creatividad, las intuiciones, las hipótesis que luego se transforman en ideas o argumentos escritos en el ordenador, surgen y brotan en la libreta, de la conexión entre mi mente y mi mano. Incluso cuando planifico un proyecto lo hago en una libreta, las ideas de una conferencia las plasmo en una libreta. El ordenador no me inspira, no despierta mi creatividad es solo el lugar donde se traducen las ideas y se les da orden y estructura. Yo necesito pensar con las manos, porque en esa conexión mano-mente, cuerpo-mente es donde se despierta mi creatividad, mi intuición y mi inspiración. Mis sensaciones, mis emociones no son las mismas cuando escribo en el papel que cuando lo hago en el ordenador, mi experiencia de flujo tampoco.
Creo que ese pensar con las manos, esa involucración emocional en el trabajo, esa inmersión total en él es una fuente de aprendizaje sobre nosotros mismos de valor incalculable. El autoconocimiento que se revela tras un momento de práctica intensa, de un estado de flujo en la tarea es más importante que el que pueda proporcionar cualquier test o evaluación 360º grados.
Siento que eso que llamamos progreso, nos está privando de muchas experiencias vitales para nuestra humanidad. La tecnología nos permite más y más rápido pero ¿realmente mejor? No es lo mismo estar concentrado delante de un papel que delante de una pantalla, no es lo mismo un encuentro cara a cara que uno virtual. No es lo mismo hacer que sentir haciendo y el sentimiento es una aportación humana al trabajo que ninguna máquina o robot puede sustituir. Si dejamos de sentir en el trabajo y de impregnarlo de genuidad humana nos acabaremos convirtiendo en robots, y me temo que nuestras posibilidades de supervivencia se verán muy mermadas a medida que estos sean más avanzados y sofisticados. Debemos oponer la individualidad, la originalidad, la diversidad como valores a aportar al trabajo, impregnándolo de humanidad, frente a la perfección, solo así lograremos diferenciarnos de las máquinas y encontrar nuestro lugar en el mundo tecnificado que nos imponen.
En una época en la que se nos llena la boca con la importancia del talento, donde hablamos de cultivarlo, cuidarlo, atraerlo, desarrollarlo, cómo es posible que sigamos sometiéndolo a modelos de de desarrollo cada vez menos humanistas y orgánicos, y más mecanicistas. Cómo le pedimos a una persona que nos hable de sus aspiraciones, sus motivaciones a través de un software informático que luego acabará poniéndole una etiqueta, clasificándolo en una caja, desprovista de toda singularidad y emocionalidad. Luego nos obsesionamos con la falta de motivación y compromiso en el trabajo, sin darnos cuenta que no tiene tanto que ver con el tipo de trabajo que se desarrolla sino con como está organizado: sin espacio para reflexionar, para pensar haciendo, para sentir, para improvisar, para crear, para dialogar con la experiencia y para entablar una relación con la tarea. Como señala Richard Sennet los talleres de los artesanos no eran un simple lugar de trabajo eran un espacio social para encontrarse, compartir y aprender juntos. Un espacio lleno de rituales que aportaban sentido de comunidad y pertenencia. Un talento excelente requiere de la existencia de un modelo de referencia, de un estándar de excelencia, y pretendemos que ese modelo esté recogido en un código de práctica estático e inanimado, en un manual de calidad o buenas prácticas lleno de reglas e instrucciones, y no contentos con ello, también queremos que ese cuerpo inerte de palabras sea una fuente de inspiración para quien lo siga. Nos olvidamos que desde antiguo los modelos que nos inspiran a ser mejores, a superar retos son personas de carne y hueso, personas que nos emocionan con su historia personal, observando su ejemplo y para ello es necesario habilitar espacios para el encuentro humano.
En una época virtualizada, donde la separación entre la persona y la realidad irá en aumento, donde la posibilidad de tocar, de oler, de ver, de sentir la energía de los cuerpos, se verá cada vez más limitada, ¿de qué talento estamos hablando? ¿Puede existir el talento sin sentido y sensibilidad? ¿Podemos desconectar el talento del sentir, de la conexión con el propósito, la contribución, la realización personal?
«Vi el ángel en el mármol y tallé hasta que lo puse en libertad». Miguel Angel Buonarrotti
No sé como lo vives tú, pero a mí me gusta sentirme Miguel Angel en cada proyecto, en cada trabajo que hago. Hace ya muchos años que he dejado de trabajar para organizaciones o personas que imposibilitan las tres formas de conciencia material que me permiten crear una relación emocional con el trabajo que desarrollo, anulando toda posibilidad de sentir que soy parte del trabajo, parte de la obra, parte de la creación y parte del cambio. Clientes que buscan la perfección, te ahogan con instrucciones, parámetros, modelos rígidos, clientes que quieren una máquina ejecutora a la que accionar una palanca y que aporte una respuesta automática y estándar según el manual de uso que está de moda. Yo no quiero ser una mera productora de trabajos, quiero ser artesana, artista, creadora, quiero ver el ángel en cada trabajo y dejarlo volar, quiero sentir en el trabajo. ¿Y tú, que quieres sentir en tu trabajo?
Autora: Mª Luisa de Miguel
Directora Ejecutiva Escuela de Mentoring.
“Cuando la confianza es alta, la comunicación es fácil, instantánea y efectiva”.
Stephen R. Covey
La confianza es una apuesta de futuro. Es creer hoy que mañana algo será posible o realizable, que mañana una persona llevará a cabo el comportamiento que esperamos, que mañana la persona en la que confiamos no nos fallará, y que mañana yo seré capaz de hacer aquello que hoy me propongo.
La confianza siempre está a prueba, se renueva, se da y se quita, se gana o se pierde a cada minuto. Cuando las pruebas son numerosas y continuas, a favor de la confianza, las dudas, suspicacias, y controles decrecen, y el tiempo dedicado a todo ello se puede emplear en otras cosas más satisfactorias. De ahí que la confianza reduzca los tiempos, ahorre energías y facilite las relaciones. La confianza nos permite dejar de pensar, dejar de preocuparnos, y nos ayuda a relajarnos y a fluir con nosotros, con los demás, y con la vida.
La confianza puede reforzarse o debilitarse de acuerdo a las acciones de la otra persona para con nosotros y, viceversa, o en base a nuestras acciones para con nosotros mismos. Es un ciclo continuo, una inversión que hay que cuidar si queremos que perdure.
Con la confianza suele haber dos estrategias diferentes: la otorgo desde el inicio, como regla general, y luego compruebo si son dignos de ella o no; o bien, espero a comprobar si son dignos de ella, y luego la otorgo. En conclusión, que si considero que es bien tratada la doy y la mantengo, y si considero que es maltratada la niego o la quito. Además, existen personas que ven indicios, e incluso los crean, de falta de confianza o traición por todas partes, y los que no ven ninguno aunque se la estén machacando descaradamente. Cuando desconfiamos por sistema, sin base en hechos comprobables, realmente estamos negando a los demás lo que nos negamos a nosotros: nuestra autoconfianza. Cuando confiamos por sistema y sin filtro, estamos pidiendo que otros nos den lo que no nos damos a nosotros mismos. La confianza sana es una confianza inteligente, basada en la realidad, evaluada, fruto del aprendizaje de la experiencia, equilibrada, y sostenible.
Al ser una inversión, el problema está en las expectativas que nos marcamos, más bien en si se cumplen o no, porque muchas veces el que no se cumplan es porque nadie nos lo aseguro, o lo afirmó. Si yo espero y, por tanto, confío en que una persona me va a llamar mañana, cuando no se comprometió expresa y claramente a hacerlo, estoy esperando y confiando en que se produzca un comportamiento de un tercero en base a una expectativa que he creado yo, y no el. No puedo responsabilizar al otro de que no me llame, o de que debería saber que me tendría que llamar. Si quiero que me llame tengo que pedirlo, con el riesgo de que me conteste que no. Ahora bien, si yo pido que me llame y se compromete a hacerlo, o sin pedirlo se compromete también, entonces si tengo una expectativa real de que me llame y será lógico que confíe en que lo hará, si en anteriores ocasiones así lo hizo. Si no lo ha hecho será lógico que no confíe en que lo haga esta vez. Y además, si realmente valoro mi confianza le transmitiré como me siento respecto a su comportamiento.
Lo que está claro es que sin confianza todo se resquebraja. Me da igual que sea por la desconfianza generalizada, por la incapacidad de darla, por la dificultad de recibirla, porque se traiciona, porque se pierde, porque dejo que me la rompan una y otra vez, o porque ni siquiera se tiene en uno mismo. Gozar de confianza propia, de los demás, y en los demás, es un capital personal muy valioso que debemos saber generar y cuidar. Hoy quiero compartir contigo 8 comportamientos clave para lograr un buen capital de confianza:
1.- Empieza por ti mismo
Si quieres que otros confíen en ti, comienza por confiar en ti mismo. No traiciones tus valores, tus propósitos, tus compromisos. Si dices que vas a hacer algo: hazlo, aunque nadie esté mirando. En el momento en que queremos una cosa y hacemos otra, cuando somos de una forma y nos comportamos de otra, cuando decimos (incluso a nosotros mismos) que vamos a hacer algo y no lo hacemos, estamos destruyendo la confianza en nosotros mismos. Nuestra falta de seguridad y confianza está labrada a base de pequeñas traiciones hacia nosotros. Y si no confiamos en nosotros, difícilmente vamos a confiar sanamente en otros, o lograr que confíen en nosotros.
2.- Comunícate a través del ejemplo
La confianza no se construye con palabras se construye y fortalece con acciones, con comportamientos y con hechos. No hay nada que haga más daño a la confianza que decir algo que luego no se corresponde con lo que hacemos, o afirmar que vamos a hacer algo que luego no hacemos. La confianza exige mucha congruencia, coherencia y valentía.
El capital de nuestra confianza aumenta con cada nuevo crédito acumulado, y estos proceden de nuestros compromisos cumplidos. Y cuando no podamos cumplir afrontémoslo con honestidad y responsabilidad, eso sí, si se vuelve un comportamiento reiterado, la acumulación de disculpas no aumentan el crédito de la confianza, más bien lo dejan por los suelos.
3.- Se claro con lo que quieres y con lo que esperas.
Pedir, que no exigir, de forma clara y asertiva evita muchos malos tragos a la confianza. Las personas con las que interactuas deben saber exactamente lo que quieres, e incluso porque lo quieres (para comprenderlo), para decidir si pueden responder o no a tus expectativas. Los demás no pueden conocer los deseos de tu mente, la única manera de relacionarse en un ambiente de confianza es expresando lo que queremos, dandole al otro la oportunidad de que quiera o no contribuir a ello, y exigiéndonos los compromisos mutuos y expresos que cada uno ha asumido. Esperar más de lo que me han dicho o una cosa distinta a ello, es querer engañar a la confianza.
De la misma forma no te responsabilices de las expectativas que otros tienen sobre ti, y tu no has asumido. Si no te piden tú tampoco puedes decidir si dar o no, si hacer o no, y nadie puede exigirte algo que no has comprometido. No dejes que confundan y manipulen a tu confianza.
4.- Deja hacer y espera
Las personas somos diferentes pero todas tarde o temprano nos mostramos, nos revelamos en nuestros actos. Para saber si una persona es digna o no de confianza déjala hacer, déjala que te enseñe quien es con sus actos. Dale un tiempo, algunos tardan más que otros en evidenciarse, porque desconfían, porque son más reservados, más tímidos, las razones pueden ser diferentes, lo importante es que respetes los ritmos de las personas y tengas claros tus límites, es decir, hasta donde estas dispuesto a esperar, aguantar, o comprobar. No juzgues sin hechos, recuerda que la confianza se demuestra con ellos.
5.-Observa, escucha, pregunta
Cuando dudes sobre un compromiso, sobre lo que ha hecho una persona, sobre lo que te ha dicho, antes de negarle tu confianza, pregunta, indaga sobre lo que paso, sobre si hubo una mala interpretación, sobre si asumiste algo que no era, sobre qué llevo a esa persona a decir o hacer lo que te ha resquebrajado la confianza. Escucha profundamente, olvídate de tu ego herido, de tu confianza traicionada, primero escucha con apertura, buscando comprender. Observa cuando la persona te hable, si detectas incoherencias entre lo que dice y como lo dice (lenguaje no verbal), si te mira o no te mira, si te rehuye. Observa si sus actos son un reflejo de sus palabras, de sus compromisos.
Haz lo mismo contigo, obsérvate, pregúntate y escúchate para ver si estas tratando bien a la confianza.
6.- Mantén abierta la puerta al diálogo. Tu tienes su llave.
Expresa lo que quieres, como te sientes, si estas perdiendo la confianza y porque, o si cada día crece más, señala lo que te hace desconfiar o confiar. Pide explicaciones cuando consideres que las necesitas, y asume que a lo mejor no quieren dártelas o no te gustan, a partir de ahí, tu decides a donde llevas tu confianza en esa relación.
No ocultes, no tergiverses, no pases por alto, la confianza se basa en una comunicación sincera y trasparente, en tener abierta la puerta para el diálogo. Incluso el día que quieras cerrar esa puerta, y quitarle la llave de la confianza a alguien, díselo con respeto y sin rodeos.
Cuando la confianza se pierde es extremadamente difícil recuperarla. Siempre que sea posible dale la oportunidad de que se explique.
7.- Defiende tu confianza con respeto y empatía
El grado de confianza que las personas necesitamos en nuestras relaciones es diferente. Es más, los diversos tipos de relaciones requieren distintos niveles de confianza. Las expectativas que tenemos unos sobre otros en las relaciones también son dispares. La manera de comunicarnos, de pedir, de comprometernos es otro comportamiento que nos distingue. El grado de valor que le damos a los compromisos asumidos difiere, el numero de oportunidades que estamos dispuestos a dar tampoco es la misma. Si tienes todo esto presente, las diferencias, que la habrá, no tendrían porque afectar a la confianza, si son adecuadamente gestionadas. Utiliza la empatía para comprender al otro, y a ti mismo, y el respeto para no transgredir tus límites y los ajenos. Lo importante es compartir con el otro las diferencias e indagar hasta que punto se pueden hacer convivir o no.
Si es posible encontrar algún punto de conexión en el que ambas partes ganáis algo que queréis, es decir, experimentáis satisfacción mutua, entonces será posible mantener la confianza. Si no es posible quizás esa relación no tenga sentido, no porque la otra persona no tenga derecho a lo que defiende o pide, sino porque tu no estás dispuesta a dárselo o no lo compartes, o viceversa. Cada uno debe plantearse hasta donde quiere ceder, por qué y para qué, y hasta donde le compensa.
8.- Selecciona bien tus inversiones.
Otorgando mi confianza estoy apostando por una persona, estoy invirtiendo mi tiempo, mi energía, y mi esfuerzo en esa relación, y con esa persona. Si lo hago es porque creo que merece la pena, pero solo el caminar diario entre ambos dirá si ha sido así o no. En todo caso, mientras duró fue bonito, no pierdas de vista nunca la parte positiva.
Esto es una opinión muy particular, pero para mi es vital cuidar bien mis inversiones en otras personas y relaciones. No quiero relaciones desgastantes, insanas, sin sentido, que no me aportan nada. Valoro cada minuto que dedico a otros, como valoro igualmente los que me dedican a mi. A fin de cuentas compartir nuestro tiempo, nuestra atención y nuestro ser con otros es la mayor prueba de amor, porque es lo más preciado que tenemos para darles.
En el momento en que comienzo a sentir insatisfacción en una relación, comienzo a observar, a escuchar, a hacerme y hacer preguntas, a expresar como lo estoy viviendo y entender como lo está viviendo la otra persona. Si no encuentro un punto de conexión, yo reseteo, comienzo a poner distancia, y a llevar la relación a otro nivel, que en algunos casos puede ser de mínimos imprescindibles, si son estrictamente necesarios.
Lamentablemente, no se puede tener garantía de que alguien sea digno de confianza. Confiar es un riesgo que cada uno decide asumir o no, y con diferentes grados y límites, todo dependerá de la importancia que le otorgues a este valor. Si quieres cuidarla mantén un sistema de relaciones en el que se den estos 8 comportamientos, y se riguroso con quien no los cumpla y, por supuesto, contigo mismo. La confianza tiene dos caras, la tuya y la del otro.
Autora: Mª Luisa de Miguel
Directora Ejecutiva de la Escuela de Mentoring








📌 𝗠𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗶𝗻𝗴 𝗲𝘀 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗼 𝗺𝗮́𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝗺𝗶𝘁𝗶𝗿 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀. 𝗘𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗶𝗻𝗴 𝗱𝗲𝗯𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗲𝗺𝗮𝗻𝗰𝗶𝗽𝗮𝗱𝗼𝗿 𝘆 𝗻𝗼 𝗯𝗮𝗻𝗰𝗮𝗿𝗶𝗼.
Muchos mentores se colocan en un lugar de superioridad: «Yo sé más que tu y te voy a enseñar todo lo que se para que aprendas», incluso, llegan a creer que saben mejor que su mentee lo que le pasa y quiere. Lo disfrazan de generosidad, de interés por desarrollar a otros, pero detrás hay mucho ego, mucha necesidad de demostrar lo que se sabe, mucho anhelo de reconocimiento y mucho afán por imponer su visión.
Paulo Freire utilizó el término «bancario» para referirse a esta 𝘁𝗲𝗻𝗱𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗮 𝗱𝗲𝗽𝗼𝘀𝗶𝘁𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝗼𝘁𝗿𝗮 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮, como quien deposita el dinero en una cuenta bancaria.
El mentor bancario hace comunicados y depósitos de conocimiento, que el mentee recibe, acumula y repite, sin ningún tipo de razonamiento o reflexión. El mentoring se convierte en un monólogo, en lugar de ser un diálogo. El mentee pregunta y pide, el mentor responde y soluciona.
El «𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗶𝗻𝗴 𝗯𝗮𝗻𝗰𝗮𝗿𝗶𝗼» no estimula la indagación, la creatividad, la autonomía, la creación de nuevo saber. E𝘀 𝘂𝗻 «𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗶𝗻𝗴 𝘀𝗶𝗻 𝗮𝗹𝗺𝗮», frío, basado solo en lo intelectual y lo técnico, en el que las emociones no se atienden, no forman parte de la conversación, porque como muchos mentores dicen «son cosa de psicólogos o de terapia»
E𝗹 #𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗶𝗻𝗴 𝗱𝗲𝗯𝗲 𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮𝗿 𝗮 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 para tomar mejores decisiones, a desarrollar la #sabiduría, más que a aumentar el conocimiento, estimulando en el mentee:
✅ «𝗱𝘂𝗱𝗮 𝗿𝗲𝗯𝗲𝗹𝗱𝗲», que se cuestione y cuestione, que ponga en cuarentena el saber y lo contraste, que para cada argumento buque el contraargumento.
✅ que aprende a 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮𝗿 𝗺𝗮́𝘀 𝘆 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿, para lo cual las preguntas del mentor, son el mejor ejemplo.
✅ 𝗱𝗶𝗮́𝗹𝗼𝗴𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝘁𝗲́𝗴𝗶𝗰𝗼, enfocado en los desafíos y aspiraciones que el mentee tiene, no en hablar por hablar, tocando muchos temas sin profundizar en ninguno.
✅ 𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗰𝗿í𝘁𝗶𝗰𝗼, ayudándole a buscar y analizar los dos lados de toda situación: lo positivo y lo negativo; lo valioso y lo insignificante; lo propio y lo ajeno; el corto y el largo plazo; para poder formar un criterio fundado sobre convicciones.
✅ 𝗲𝗾𝘂𝗶𝗹𝗶𝗯𝗿𝗶𝗼 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗹𝗼 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝘆 𝗹𝗼 𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹, donde lo afectivo y lo intelectual puedan convivir y dialogar, ser tenidos en cuenta a la hora de analizar las experiencias y tomar decisiones.
📍»S𝘦𝘳 𝘶𝘯 𝘣𝘶𝘦𝘯 𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰𝘳 𝘦𝘹𝘪𝘨𝘦 𝘳𝘦𝘴𝑝𝘦𝘵𝘰 𝘢 𝘭𝘰𝘴 𝘴𝘢𝘣𝘦𝘳𝘦𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦𝘦». E𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗶𝗻𝗴 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲 𝗺𝗮́𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝘀𝗮𝗯𝗶𝗱𝘂𝗿í𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲𝗲, 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗻 𝗺𝗼𝘀𝘁𝗿𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿.