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Acompañar el desarrollo de otras personas requiere conocer y entender que nuestro cerebro tiene dos caminos o vías de funcionamiento, que han recibido diferentes nombres:

– la vía rápida, sistema inferior o vía caliente, cuyas respuestas suelen ser automáticas e inconscientes.

-la vía lenta, sistema superior o vía fría, cuyas respuestas son deliberadas, conscientemente elegidas y decididas

Cuando está en juego nuestra supervivencia física que el sistema rápido tome el control puede marcar la diferencia entre seguir vivo o morir, pero cuando hablamos de nuestra realización, el desarrollo del potencial y la felicidad será mejor que dicho sistema sea dirigido por las vías superiores. La razón es que el sistema rápido funciona en modo lucha-huida-congelación y el sistema lento en modo “pausa y planifica”.

Ambos están presentes en las personas y ambos son necesarios para nuestra vida: el sistema rápido suele ocuparse de nuestra supervivencia;  el sistema más lento es muy necesario para el logro de las metas y nuestra felicidad. El mentoring se centra más en promover la utilización de la vía superior como guía de la inferior, fortaleciendo, principalmente, las denominadas funciones ejecutivas.

Podemos ver nuestro cerebro como una fábrica dedicada a producir pensamientos, ideas y decisiones. Para ello se nutre de unos inputs, que son la información, en forma de estímulos diversos, y utiliza unos procesos productivos, que son los procesos cognitivos, para producir un output: una acción, en forma de lenguaje, gesto, movimiento o comportamiento. Utilizamos los procesos cognitivos para fabricar respuestas con las que intervenir en el contexto y lograr el resultado deseado. 

Estos procesos cognitivos, entrelazan en su devenir la vía lenta y rápida, y son, entre otros, el proceso emocional, el proceso motivacional, la percepción, los procesos sensitivos, la atención, el procesamiento de la información, automático y elaborado, la memoria, el pensamiento (inducir, deducir, abstraer, generalizar, genera hipótesis, analizar), el aprendizaje, el lenguaje, la creatividad y las denominadas funciones ejecutivas, asociadas a la formulación de objetivos, organización, planificación, toma de decisiones y autorregulación. 

Es imposible comprender la conducta humana sin conocer como el cerebro procesa la información recogida por la experiencia, y cómo se emplea el conocimiento adquirido y creado a partir de ello en la producción de respuestas y la guía de nuestro comportamiento. De como nuestra mente utiliza la información, cuál selecciona y cuál no, qué hace con ella, que reglas o heurísticos emplea para llegar a conclusiones, depende en gran medida las decisiones que tomamos, las acciones que ejecutamos y nuestros resultados. 

Veamos un ejemplo de cómo influye el uso de la información en la conformación de las expectativas de eficacia y resultado y, por tanto, en nuestras decisiones y resultados: imaginemos una persona que lleva impartiendo con éxito cursos sobre gestión emocional para adolescentes de entre 14 y 18 años en poblaciones de menos de 50.000 habitantes en España, en entornos socioeconómicos bajos. Puede tener unas expectativas de resultado y eficacia altas a tenor de la información citada. Ahora bien, si la utiliza como referencia para sus expectativas futuras en relación con la impartición de cursos de gestión emocional para directivos/as de multinacionales en Chile en ciudades de más de 1 millón de habitantes y entorno socioeconómicos altos igual no es lo más adecuado. 

Aunque la actividad sea la misma, los contextos donde se va a llevar a cabo son muy diferentes, el perfil de los destinatarios también, con lo cual también los serán sus expectativas sobre gestión emocional. Si no manejamos toda esta información adecuadamente nuestras conclusiones pueden no ser adecuadas y las respuestas derivadas de ellas poco acordes con la situación. Para hacerlo bien es imprescindible el concurso de la vía lenta o fría, pues en caso contrario la rápida tomará atajos, sacará conclusiones anticipadas y actuará sin tener en cuenta que los contextos son diferentes.  

Todos los procesos cognitivos pueden ser guiados de forma consciente utilizando nuestras funciones ejecutivas o bien ser más inconscientes si la vía rápida toma el control. La diferencia será el tipo de respuesta producida: una reacción automática, en el caso de la vía rápida, y una acción deliberadamente elegida, en el caso de las funciones ejecutivas o vía lenta.

Ambos tipos de funcionamiento conviven en nosotros, ambos tipos de respuestas son propias del ser humano y cada una de ellas tiene su razón de ser. Lo que no podemos desconocer es que, si bien, las respuestas automáticas son muy útiles en algunas ocasiones, la complejidad del mundo cada vez requiere más respuestas deliberadas. 

El mentoring está destinado a entrenar la facultad de producir decisiones deliberadas y conductas autorreguladas, que conforman nuestra  capacidad de dirigirnos a nosotros mismos. Pero no obvia que nuestras respuestas automáticas tienden a imponerse a las autorreguladas en los casos de estrés, alta emocionalidad negativa, baja energía o desmotivación, cansancio y presión externa. Por eso también se ocupa de entender este proceso automático, identificar las situaciones en las que suele tomar el control e idear estrategias para poder gestionarlo adecuadamente. 

El mecanismo automático funciona en la siguiente forma que se refleja en la imagen.

 

A partir de uno o varios estímulos se genera una información o input dentro de la persona (a nivel inconsciente) que conecta con sus motivos intrínsecos y activa una emoción que da lugar a un impulso y una respuesta inmediata (acción) que produce un resultado. Este siempre es un feedback, lo que ocurre es que a veces al ser inconsciente no nos percatamos de él, pero puede grabarse igualmente en la memoria, especialmente, si la emoción asociada al mismo nos ha afectado con cierta intensidad. Si en el pasado algún perro se me encaró y me mordió, cada vez que vea uno sentiré miedo y lo evitaré instintivamente, aunque el que tenga delante sea inofensivo. 

Cuando el feedback es consciente, la persona reflexiona sobre el resultado, en cuanto a satisfacción, idoneidad y significado y su relación con las acciones que lo han producido. En base a esta evaluación se puede decidir, conscientemente, repetir la misma acción si ha tenido efecto positivo o no repetirla si ha ocurrido lo contrario, y buscar otras alternativas de comportamiento para obtener mejores resultados en el futuro. 

Cuando operamos a nivel automático es bastante probable que la información utilizada para responder provenga de nuestros instintos, necesidades y valores inconscientemente. En estos casos esos motivos se convierten involuntariamente en objetivos o metas inconscientes. Si mi necesidad de afecto me impulsa inconscientemente a buscar compañía, puedo acabar estando con otras personas de manera indiscriminada con tal de no estar solo, aunque algunas de ellas no aportan nada a mi vida, me perjudican o me traen problemas. 

Sí soy consciente de todo ello puedo pararme a pensar en que tipo de personas me hacen sentir bien y cuáles no o cuando una relación comienza a ser tóxica o poco enriquecedora y decidir con quien estoy, hasta dónde, cómo y hasta cuándo. Una necesidad de afecto inconsciente puede convertir en meta cualquier compañía y relación. Si es consciente elijo de forma delibera con quien entablar y mantener relaciones y amistad y en qué términos.  En el proceso automático no hay un cortafuegos que haga de filtro entre el impulso y la respuesta, que es la diferencia esencial con respecto al autorregulado. 

Asimismo, el feedback que se obtiene en el primero es, en la mayoría de los casos, inconsciente, lo mismo que el aprendizaje. El proceso cognitivo subyacente es a nivel básico, sin intervención de las llamadas funciones ejecutivas, propias del proceso autorregulado. De la necesidad surge el impulso y de éste la acción-meta, nuestro cerebro utiliza los atajos de la vía rápida y cálida. 

 

El mecanismo autorregulado funciona en la siguiente forma que se refleja en la imagen.

 

A partir de uno o varios estímulos se genera una información o input dentro de la persona (puede ser a nivel consciente y/o inconsciente) que conecta con sus motivos intrínsecos y activa una emoción que da lugar a un impulso, que se percibe a nivel consciente y se inhibe, es decir, no se traslada a una respuesta inmediata. Este control inhibitorio lo realizan las áreas cerebrales implicadas en las funciones ejecutivas, entre las que se encuentra la voluntad o capacidad autorregulatoria. El freno al impulso da lugar a un proceso mental de elaboración cognitiva de los motivos para transformarlos en una meta (meta-motivo).

A partir de aquí se identifican posibles caminos para lograrla y se organizan en torno a un proyecto o plan de acción. Cada acción ejecutada sería una respuesta y cada una de ellas producirá un resultado que funcionará como feedback de todo el proceso. La meta actúa de barrera para el impulso, como meta-motivo integrador de los diversos motivos activados en la situación, de criterio evaluador de resultados y como guía de la acción. Recuperando en ejemplo, antes citado, sobre la necesidad de afecto: en el funcionamiento autorregulado la voluntad no ayudará a frenar el impulso de iniciar o mantener cualquier relación para pasar a considerar antes la conveniencia o no de hacerlo, en base a nuestro estándar ideal de cómo deben ser para proporcionar bienestar mutuo. 

Lógicamente en cada situación y a cada momento la persona se ve sometida a estímulos diversos que desencadenan emociones e impulsos, que pueden interrumpir el proceso de acción en curso e iniciar otro de forma totalmente inconsciente. Algo que ocurre con frecuencia con el teléfono móvil, pues cada vez que suena detiene, aunque solo sea unos segundos, o algunos más de los que creemos, lo que estamos haciendo, y sin pensar lo cogemos y respondemos. En estos casos no frenamos el impulso que provoca el nuevo estímulo que acaba de irrumpir en nuestra vida. 

La autorregulación implica ser capaz de poner en cuarentena ese impulso: ante la llamada entrante o el sonido del mensaje del WhatsApp decidimos no prestarle atención; o hacerlo, pero seguir con lo que estamos haciendo; o mirar rápidamente quién es y sopesar si es más importante que lo que estamos ejecutando y si la llamada puede esperar a ser contestada cuando acabe la tarea en curso. Este sería un ejemplo de canalización de un proceso inicialmente inconsciente (impulso de contestar la llamada) hacia uno autorregulado. En él el papel de la voluntad ejerciendo el control a través de la imposición de la meta más importante es imprescindible. Esta última actúa de filtro y criterio para tomar decisiones sobre seguir el impulso o dejarlo pasar.  

 

¿De qué depende que nuestra vida esté presidida por procesos automáticos o autorregulados? Probablemente la respuesta a este interrogante sea una de las claves del éxito en la vida. Como señala Victoria Cadarso (2016) un cerebro estresado no tiene voluntad. El estrés anula nuestra capacidad autorregulatoria. 

Cuando estamos cansados, irritables, frustrados, irascibles, tristes, desmotivados o muy presionados, la vía rápida y caliente toma el control y no deja actuar a las funciones ejecutivas, con lo que se imponen las respuestas automáticas. Cuánto más presentes estén estas circunstancias en nuestro día a día, menor será nuestro nivel de consciencia y nuestra voluntad motivada no podrá entrar a ejercer su papel autorregulador tomando las riendas de nuestras acciones. En su lugar seremos dirigidos inconscientemente por una república independiente de motivos. 

 

“Todo hombre si se lo propone puede ser escultor de su propio cerebro.”, dijo Santiago Ramón y Cajal, pero para ello es necesario conocer como funciona.

El cerebro es un órgano de adaptación creado para la relación, y desarrolla sus estructuras a través de la interacción con otros. Estas son las ideas en las que se basa el enfoque de la neurobiología interpersonal, creado por Daniel J. Siegel, que plantea que no existen cerebros aislados sino cerebros conectados con otros. Siegel defiende que las conexiones humanas modelan las conexiones neuronales de las que surge la mente. Si bien la neurociencia defiende que nuestra mente está modelada por los patrones de activación, la neurobiología interpersonal considera que estas activaciones derivan de la relaciones pasadas y presentes, activando incluso a través de la memoria y el recuerdo.

Nuestras vidas mentales son totalmente relacionales. Las interacciones con los demás dan forma a nuestro mundo mental. Aprendemos interactuando con otros, observando su comportamiento, escuchándolos, preguntándoles, conversando con ellos. La relación de mentoring es un contexto de aprendizaje guiado que ayuda a realizar la gimnasia mental, de la que hablaba Ramón y Cajal, necesaria para favorecer la neuroplasticidad cerebral. 

Además, el desarrollo del cerebro humano depende del apego y, si bien, está muy condicionado por nuestras experiencias tempranas, especialmente en el seno familiar, es posible desarrollar un apego seguro de adultos. La forma de lograrlo es a través de la construcción de relaciones que proporcionen la seguridad psicológica necesaria y la motivación para aprender, experimentar, retarse y cuestionarse. 

La relación de mentoring puede proporcionar ese fundamento seguro para facilitar el desarrollo del mentee, así como procurar la gimnasia mental necesaria para potenciar el aprendizaje, de ahí la importancia que le damos a la Inteligencia Relacional y Conversacional en nuestra metodología. 

El mentoring facilita los procesos de pensamiento y reflexión para aprender de forma inteligente y efectiva, aprovechando de forma óptima nuestros recursos internos y externos, las capacidades individuales y sociales. Mentoring es facilitar el pensamiento, contribuir a la mejora en la toma de decisiones, favorecer el aprendizaje de la experiencia y la consecución de metas. 

La neurociencia aporta conocimientos valiosísimos a un mentor/a para que puedan ayudar a su mentee a aprender a pensar de forma que pueda cambiar su capacidad de sentir, de reflexionar y de actuar, cambiando así su papel en el mundo. Por eso un mentor necesita conocer como funciona el cerebro de las personas, en general y el de su mentee en particular.  Esto implica conocer cómo son los procesos mentales que intervienen en nuestra toma de decisiones y en nuestras acciones, cómo se producen y cómo autodirigirlos de forma efectiva. 

Si como mentor/a tomas consciencia de que eres un contexto y que a partir de él creas otro, la relación de mentoring con tu mentee, entenderás la importancia de incrementar tus conocimientos y habilidades para hacerlo más estimulante y enriquecedor para potenciar el desarrollo neurocognitivo de tu mente. 

En la metodología © Integral Generative Mentoring incorporamos las principales claves que la neurociencia aporta al mentoring para poder dar a nuestros mentores bases científicas sólidas en su labor de acompañamiento.

¿Qué aprenden nuestros mentores sobre neurociencia para favorecer el aprendizaje de sus mentees?

1.- Que nuestro cerebro tiene dos caminos o vías de funcionamiento: la vía rápida o caliente y la vía lenta o fría. La primera se dispara automáticamente, la segunda hay que hacer un esfuerzo deliberado para ponerla en acción. La clave es conocer cómo se activan cada una de ellas y cómo podemos aumentar el control sobre ellas. 

2.- La atención es la antesala de cualquier actividad mental, dirigir el pensamiento es dirigir la atención. Como todo proceso mental tiene una vía de funcionamiento rápida y automática y otra más lenta y deliberada. 

3.- Las emociones son un fenómeno multidimensional pues en ellas confluyen lo afectivo, lo cognitivo, lo fisiológico, lo expresivo, lo motivacional y lo adaptativo. El aprendizaje emocional consiste en ponerlas a funcionar a nuestro servicio. 

4.- La motivación no es suficiente para lograr metas o para cambiar, necesitamos también aprender a educar la voluntad. 

5.- El neurocientífico Rodrigo Quian Quiroga explica en esta frase lo importante que es la memoria para el aprendizaje: “yo pienso en base a cómo recuerdo las cosas”. Volver a las experiencias, conversar con ellas es la base del aprendizaje a través del mentoring. 

6.- En todo ser humano cohabitan dos “yos”, el “yo controlado” y el “yo que controla”, este último depende de cómo usamos nuestras funciones ejecutivas:  autoconciencia, autoconocimiento y autofeedback), deliberación, toma de decisiones, autorregulación, planificación, control de la acción, monitorización y metacognición. 

7.- En todo proceso de decisiones coinciden aspectos cognitivos, que dependen de las funciones ejecutivas del cerebro, y emocionales, combinarlos adecuadamente nos ayuda a tomar decisiones racionales pero también auto concordantes con quienes somos. La emoción y la razón a veces se pelean y es importante aprender a saber integrarlas en armonía. 

8.- Aprender es un proceso que comienza con el pensamiento, sigue con la experimentación y termina con la reflexión. Contar con un guía que conoce como sus fases y cómo funciona, que lo estimula, facilita y consolida ayuda a optimizarlo y a ser más ágiles aprendiendo. 

9.- La forma en la que  nos hablamos, las palabras que recibimos y que nos damos impactan en nuestro cerebro, en nuestro pensamiento, nuestras decisiones, nuestro comportamiento y nuestros resultados.  En la metodología © Integral Generative Mentoring utilizamos un patrón conversacional que optimiza los procesos de aprendizaje, cambio y desarrollo. 

Para un mentor es imprescindible conocer el funcionamiento de todos estos procesos cerebrales, para poder impulsarlos o favorecerlos, o inhibirlos cuando sea necesario. También cómo coordinarlos para poder guiar de forma efectiva el proceso de desarrollo de su mentee.  

En próximos artículos abordaremos de manera más específica cada uno de ellos y cómo los trabajamos en la metodología © Integral Generative Mentoring. 

El mentoring es una de las prácticas más potentes para el desarrollo del talento, el liderazgo y las habilidades que una empresa necesita para ser competitiva. Actualmente es un nuevo perfil profesional muy demandado en el área de la consultoría y también dentro de las organizaciones en el área estratégica, corporativa y de recursos humanos.

El mentoring es una de las metologías más prácticas, rápidas y efectivas para el desarrollo de habilidades directivas. Además, cada vez más la gestión de personas en las organizaciones requiere de personas formadas en un estilo de liderazgo mentor, enfocado a explorar el potencial de sus colaboradores y sacarle el máximo provecho.

La Escuela de Mentoring es pionera en España y Latam en el campo del mentoring, en el que lleva trabajando desde el año 2002 para todo tipo de organizaciones, empresas, entidades públicas y privadas. Es la primera Escuela de Mentoring certificada de España, y trabaja con una metodología propia, Integral Generative Mentoring, que ha sido validada a lo largo de los años. Lo que la diferencia es la integración del I+D+I en el Mentoring: Investigación continua para mejorar el conocimiento sobre esta práctica, aprendizaje a través de la experiencia en el Desarrollo de programas de mentoring, e Innovación surgida de la evaluación de los programas, feedback de los participantes y nuestra red internacional de mentoring.

 

Nuestro Programa de Certificación Internacional en Mentoring, está  acreditado por la Asociación Internacional de Coaching y Mentoring (AICM) y por la Asociación Iberoamericana de Formación y Certificación.

 

En el 2019 la Escuela de Mentoring ha sido reconocida en los Premios Excelencia Educativa como la mejor Escuela de Negocios especializada en mentoring, así como por la innovación en sus programas formativos en mentoring.

 

Ahora tienes la oportunidad de certificarte como mentor o mentora profesional y aplicar la metodología INTEGRAL GENERATIVE MENTORING, propiedad de la Escuela de Mentoring, a tu trabajo en el ámbito de la consultoría, educación, orientación profesional, gestión del talento, RRHH, dirección de empresas, liderazgo de personas y equipos. El programa de Certificación en Mentoring se desarrollará de forma virtual a lo largo de 10 meses desde el 14/03/2025.

El programa consta de 10 módulos de contenidos teóricos, clases virtuales, ejercicios prácticos y test de autoevaluación, más 45 sesiones prácticas de mentoring supervisadas y un proceso de mentoring con un de nuestros mentores profesionales acreditados.

 

Ser mentor o mentora será un factor de diferenciación y excelencia en un futuro que ya es presente, dentro de múltiples ámbitos: recursos humanos, liderazgo, consultoría, ámbito educativo, orientación laboral, mejora de la empleabilidad, desarrollo del talento, carrera profesional…..

Puedes consultar toda la información (contenidos, requisitos, precios, descuentos, formas de pago y plazos, calendario sesiones virtuales, etc.:) sobre el Programa de Certificación Internacional en Mentoring Virtual 2024 en este enlace: CONSULTAR DOSSIER CERTIFICACION MENTORING VIRTUAL 2025

Iniciamos el 14/03/2025 y el plazo para las inscripciones finaliza el 04/03/2025 y solo hay 14 plazas disponibles. Puedes obtener más información y realizar la inscripción a través de este enlace  o escribiendo a info@escueladementoring.com

Precio reducido hasta el 31/01/25 = 2.800,00 euros

Continuamos con la colaboración en la Revista Capital Humano, a través del espacio cedido a EMCC SPAIN, con un artículo de nuestra Directora Ejecutiva, Mª Luisa de Miguel bajo el título «Neurocoaching, conversaciones que esculpen cerebros integrados, sanos y felices», publicado en la Edición de Febrero 2023.

Este artículo se ha realizado a raíz de la presentación del libro «Neurocoaching: la neuroplasticidad autodirigida» de nuestro #Referente EMCC Spain, Carlos Herreros de las Cuevas,  realizada el 24 de Noviembre en el espacio de webinars de EMCC Spain.

En el artículo, Mª Luisa de Miguel nos recuerda que el coaching, también el mentoring, no pueden ejercerse de espaldas a la neurociencia, porque nos revela importantes claves para entender cómo el cliente se enfrenta y afronta el cambio y cómo ayudarle de forma efectiva para lograrlo aplicando fundamentos neurocientíficos. Entre otros ejemplos, explica cómo identificar y gestionar los «compromisos contradictorios» que socavan el éxito del cualquier proceso de  cambio o logro de objetivos por parte de las personas. También aborda el famoso «síndrome del impostor» desde un punto de vista neurocientífico, así como la diferencia entre motivación y compromiso y cómo disfrutar de un cerebro integrado, sano y feliz.

Los procesos de coaching y mentoring se centran en promover una mayor utilización de las vías superiores de nuestro cerebro, las asociadas al neocórtex, a las funciones ejecutivas: autoconciencia, autoconocimiento y autoanálisis, establecimiento de objetivos, planificación, toma de decisiones, autorregulación, control de la acción, metacognición.

Potenciando la inteligencia ejecutiva de nuestros clientes, les estamos ayudando a ejercer su libertad de forma consciente, coherente y responsable, porque les estamos ayudando a actuar con conocimiento de causa y no a reaccionar sin saber cómo ni por qué; les estamos ayudando a elegir cómo responder ante cada situación, teniendo en cuenta quiénes son, cómo es esa situación, qué quieren lograr respecto a ella y cómo es la mejor manera de hacerlo.

 

Si quieres saber más sobre como la neurociencia es una gran aliada para mejorar los procesos de coaching y mentoring puedes leer el artículo completo en este enlace.

Leyendo y escuchando a Roberto Rosler, una de las referencias en materia de neurodidáctica (aplicación de la neurociencia al aprendizaje y la educación), y su concepto de «clases cerebralmente amigables» he pensado en escribir este post sobre aprendizaje, puesto que es una de las bases para el cambio, la transformación, el desarrollo del talento, y otras de las muchas áreas que trabajo con personas y organizaciones.

Para mi el aprendizaje es una perfecta combinación de acción y reflexión sobre la acción, y dentro de acción se incluyen actos como el de leer, asistir a una clase, estudiar, investigar, experimentar, visualizar un video, actuar, etc. Para mi sin reflexión no hay aprendizaje porque no hay proceso de desaprendizaje-aprendizaje, y tampoco se produce la consolidación de la información en la memoria a largo plazo. En mi método de trabajo como formadora y facilitadora utilizo los 7 pasos para la consolidación del aprendizaje que propone Roberto Rosler, que hoy quiero compartir contigo en este post.

7 Pasos para Consolidar el Aprendizaje

 

1.- Abrir las memorias sensoriales: utilizar elementos visuales (mapas mentales, visual thinking, etc), usar el movimiento, cambios en la voz, en los colores e imágenes de las presentaciones visuales, usar música, objetos, para cambiar el uso de los sentidos. Es importante que se puedan activar todos los sentidos. En muchas de mis dinámicas utilizo antifaces para interrumpir el uso de la vista, que es nuestro sentido más utilizado, y explorar la adquisición de la información a través de otros sentidos.

También es importante sorprender, despertar la curiosidad, a través de historias, datos curiosos, preguntas que generen desconcierto, usar objetos curiosos para realizar las explicaciones, emplear las metáforas, los dibujos, imágenes, videos, música. Se trata de utilizar «anzuelos emocionales» para despertar y captar a atención.

Para captar, y sobre todo, para mantener la atención es necesario hacer relevante la información o contenidos que transmitimos, lo que se consigue relacionado dichos contenidos con situaciones de la vida de los participantes. Yo siempre trabajo sobre ejemplos reales de los propios participantes, les pregunto y obtengo información a lo largo, o incluso antes, del curso, para poder plantear casos prácticos, o situaciones que tengan que ver con ellos. Se trata de hacer el aprendizaje significativo contextualizándolo, de ahí la importancia para mi de tener experiencia real en el campo en el que se enseña, además de que es más fácil con esa experiencia empalizar y aportar credibilidad.  Esta es la única forma de captar su atención e interés, y de que puedan realizar una conexión con sus conocimientos previos.

 

2.- Generar reflexión: Tras las dinámicas, la exposición de información o contenidos hay que generar un espacio y un tiempo para que las personas puedan pensar acerca de dichos contenidos, información o experiencia vivida. Es el tiempo en el que pueden conectar la información nueva que se les transmite con la información previa que ellos ya atesoran en su memoria a largo plazo. Aquí es donde se reestructura las conexiones, surgen nuevas conexiones, se modifican o eliminan otras. Es en este momento cuando nos replanteamos, nos cuestionamos, nos reafirmamos, nos renovamos acerca de lo que ya sabemos.

Yo utilizo la preguntas basadas en el método socrático, combinadas con espacios de silencio que ayudan a reflexionar de una forma más profunda y durante más tiempo. Estos espacios de reflexión tras cada dinámica o bloque de contenidos son fundamentales, no se puede pasar de unos a otros sin abrir estos espacios para pensar.

Otra herramienta que utilizo mucho para favorecer la reflexión es la de dejar tiempo entre las diferentes clases o talleres, e invitarles a que lleven un diario de aprendizaje entre ellas donde puedan ir anotando sus reflexiones.

 

3.- Hacerlo propio: Las personas para aprender necesitan hacer suya la información recibida, los contenidos nuevos adquiridos, y para ello necesitan trabajar sobre ella, organizarla, volverla a reproducir.

Lo que mejor funciona es realizar esquemas, resúmenes, conclusiones, si es por escrito mejor. Se trata de expresar la información con nuestras propias palabras. Yo utilizo muchos modelos de esquemas, el propio diario de aprendizaje es otra herramienta más, conclusiones con post it, ruedas de conclusiones, y pedirles ejemplos de aplicación. En otras ocasiones realizo rol playing entre los propios participantes de forma que uno traslade al otro las conclusiones, o la información tal y como él la ha percibido, para que pueda hacerla propia, y reforzar aún mas el aprendizaje. Es preferible que este proceso se realize antes de la finalización de cada formación en el aula porque sino se pierden muchos datos, y la oportunidad de realizar mejores conexiones si no se han establecido suficientes.

 

 

4.- Retroalimentar: realizar una evaluación de lo que se ha aprendido nos asegura de que sabemos lo que hemos aprendido. Además de fortalecer nuestra autoeficacia, consolida el aprendizaje. Si con la evaluación se detecta que no se han adquirido bien los aprendizajes tenemos la oportunidad de reforzarlos para que así sea. Para este proceso utilizo el feedback y el feedforward, y especialmente el modelo del triple feedback, con diferentes alternativas: por pares, trios, en rueda común, por parte del facilitador.

Esta fase también es importante para mantener la motivación en el aprendizaje porque el feedback es una especie de recompensa, de indicador de logro que da paso a la fase de satisfacción en el circuito neurobiológico de la motivación.

 

5.- Practicar: Poner en acción todo lo aprendido nos permite hacer el tránsito de la memoria de trabajo a la memoria a largo plazo. Practicar exige constancia y hábito, pues supone repetir la misma acción o similar varias veces para que se fijen los aprendizajes.

Para practicar activamos la memoria procedimental, la que se implica en el desarrollo de habilidades, y que hace de puente entre la memoria de trabajo y la memoria a largo plazo. Para poner en marcha la memoria procedimental hay que realizar dinámicas activas, rol playing, juegos, gamificación, escenificación.

En esta fase es importante reforzar con diferentes actividades que exploren diversas formas de adquirir la información para generar el mayos número de activaciones de distintas áreas cerebrales (visual thinking, debates, preguntas, mapas mentales, interacciones entre los participantes).

En mi caso utilizo mucho los retos para pasar a la acción, tanto dentro del aula como fuera, logrando compromisos de acción entre sesiones formativas, e invitando a realizar registros de acciones y resultados para maximizar el aprendizaje. Además siempre aconsejo que elijan un solo objetivo de aprendizaje y concentren toda su energía y práctica en él. Si las personas se fijan practicar distintas habilidades a la vez, la energía se diluye, hay menos probabilidad de obtener resultados, y esto influye en la motivación para perserverar.

Se trata de que lleven a cabo el mayor número de experiencias de aprendizaje posibles, y de que conviertan sus entornos habituales de trabajo o interacción en contextos de aprendizaje, estando atentos a las oportunidades que estos les ofrecen para practicar. En mis formaciones, trabajamos mucho esta habilidad de detectar oportunidades de aprendizaje en sus entornos, para eliminar cualquier obstáculo que les impida practicar.

 

6.- Repensar: volver a trabajar sobre los contenidos en una forma diferente. La practica permite traspasar la información a corto plazo a la memoria a largo plazo, y repensar permite recuperar esa información de la memoria a largo plazo, aplicarla y utilizarla en la memoria de trabajo. Repensar es volver a utilizar lo aprendido, volver a trabajar sobre los contenidos pero despues de pasado un tiempo.

En cada nueva sesión, la primera parte la dedico a repensar sobre lo aprendido anteriormente, es repasar contenidos para asegurarnos de que han quedado bien fijados en la memoria a largo plazo, y aprovechar para reorganizarla y aumentar las conexiones neuronales. En este punto es importante también retar y despertar la creatividad de los participantes para que vayan más allá de lo aprendido y comiencen a hacer aún más propio el aprendizaje, y generar un aprendizaje inteligente. Repensar debe dar la oportunidad de analizar de nuevo la información, evaluarla, y crear nueva información con ella

Repensar incrementa la cantidad de tiempo que las personas recordarán la información.

Si el resultado de las acciones para hacer repensar pone de manifiesto que no se ha consolidado el aprendizaje, es importante volver a transmitirlo pero no en igual forma que inicialmente, si no utilizando otros materiales, ejemplos, recursos, etc.

 

7.- Recuperar: El sentido del aprendizaje es poder recuperar la información que en su día adquirimos para aplicarla en el momento que la necesitamos para resolver una situación o problema. La recuperación tendrá más éxito si el contexto y las variables que estuvieron presentes cuando la información fue aprendida por primera vez son las mismas  que cuando se hace el intento de recordar la información. De ahí la importancia de contextualizar el aprendizaje que comente en el paso 1 y 5.

Para recuperar con eficiencia necesitamos pistas, es decir, elementos, variables y detalles que nos lleven a conectar con lo aprendido. Esas pistas deben ser diferenciales, y lo más relevantes posibles para acceder con más efectividad a la información almacenada en la memoria a largo plazo.

Cuando trabajo en formaciones o procesos de mentoring lo que utilizo son preguntas que incluyen palabras clave, hechos, situaciones específicas que la persona compartió anteriormente, de la forma más exacta y precisa posible. Por eso, para un facilitador o mentor la atención plena es tan importante, porque es la que nos permite a nosotros recuperar de una forma precisa información que luego utilizamos como herramienta para ayudar a recuperar a nuestros clientes, la suya propia.

 

Un facilitador excelente debe trabajar estos 7 pasos en sus sesiones de aprendizaje, y también tras las mismas en su propio proceso de aprendizaje al realizar la autoevaluación del mismo y la valoración del aprendizaje facilitado. En todas mis formaciones sigo este criterio para que el aprendizaje se consolide, sea efectivo, relevante, significativo e inteligente.

 

Si quieres disfrutar de una verdadera experiencia de aprendizaje y descubrir en que podemos ayudarte, puedes consultar nuestro catálogo de formaciones en este enlace.