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El pasado 26 de Mayo, nuestra directora ejecutiva, María Luisa de Miguel, participó en el primer “Desayuno Ejecutivo Vistage” celebrado en Asturias, en la sala de reuniones ejecutivas de la Cámara de Comercio de Gijón y organizado por Vistage España

Los desayunos vistage son sesiones reducidas y privadas para un grupo seleccionado de #CEOs que trabajan de forma conjunta y confidencial retos empresariales. Todos los participantes presentan su reto y entre todos se escoge cual trabajar de manera grupal, dentro de un clima de respeto, confianza, escucha activa y generosidad. 

El objetivo es apoyar al propietario del reto a ampliar su mirada sobre el mismo y encontrar nuevas alternativas para afrontarlo a través de las preguntas e ideas que formulan cada uno del resto de participantes. Son grupos reducidos de unos 10 participantes de diferentes sectores de actividad, garantizando que no estén en la misma sesión empresas competidoras del mismo sector.

Tras la sesión de trabajo en el reto los participantes señalaron que la dinámica les había resultado inspiradora, interesante, motivadora, novedosa y estimulante.

Vistage es la mayor organización mundial de coaching ejecutivo para pequeñas y medianas empresas. Lleva más de 65 años ayudando a directores generales, propietarios de empresas y ejecutivos clave a resolver sus retos más difíciles a través de un enfoque integral hacia el éxito, a través de un modelo de asesoramiento entre iguales.

De la mano de su Chair, Sara Garrido, Vistage España inicia andadura en Asturias con este primer encuentro, en el que también participó con una ponencia sobre liderazgo, el CEO de Vistage España, Conor Neill.

Para la Escuela de Mentoring ha sido un placer ser parte de este primer encuentro y compartir espacio y conversación con otras empresas de la región. Creemos en el poder de la inteligencia conversacional y la sabiduría colectiva para ampliar mentes, explorar nuevas oportunidades, afrontar retos, tomar decisiones críticas e impulsar cambios.

La propuesta de un «liderazgo circular» surge a raíz de la lectura del Manual para Facilitadores de Círculos, escrito por Kay Pranis, donde se detalla una metodología de comunicación, basada en tradiciones indígenas, que creo muy aplicable a la gestión de equipos, gestión de reuniones, resolución de conflictos y otras actividades grupales que se dan en las organizaciones.

Para muchas culturas en Canadá, Nueva Zelanda o Norteamérica el círculo ha sido el epicentro del bienestar y la cohesión comunitaria. El círculo representa la unidad, la conexión, la igualdad y el equilibrio, porque en un círculo cada punto está exactamente a la misma distancia del centro, ninguno está más adentro ni más afuera. En la organización circular no se visualiza, ni se percibe jerarquía, porque no hay un arriba y un abajo, un lugar dónde unos están en un sitio y otros en otro. El círculo refleja equilibrio, porque cada parte está en balance con las demás.

El fundamento de la circularidad es la igualdad, la inclusividad y la conexión humana.

  • Igualdad: en un círculo, nadie está más arriba o abajo; no está quien habla y quien escucha, todos hablan y escucha, no existen posiciones privilegiadas. Cada participante del círculo tiene el mismo valor y la misma oportunidad de ser escuchado.
  • Inclusividad: todos hablan en primera persona, todas las voces son escuchadas y tenidas en cuenta, la decisión final y el resultado es obra de todos y todos se responsabilizan de ella.
  • Conexión humana: los participantes dejan de lado las agendas personales y se enfocan en el bien común. No se busca la victoria de una mayoría sobre una minoría, sino un acuerdo que atienda las necesidades de todos, honrando la unidad del grupo.

El proceso de participación en los círculos nace de una invitación, nunca de la presión, la obligación o la imposición. La participación es voluntaria. No existe un líder, sino un facilitador, un líder que no lidera, sino que facilita, que no está centrado en brillar, es llevar la voz cantante, en dirigir la conversación, sino en ayudar a que la conversación fluya, sea participativa, enriquecedora y productiva. Nadie controla el círculo; el poder se distribuye equitativamente.

La comunicación circular posibilita que:

✅ Todas las personas tenga igual oportunidad de hablar y ser escuchadas.

✅ Las decisiones emerjan del diálogo colectivo, no de imposiciones unilaterales.

✅ El enfoque de las soluciones sea holístico porque se consideran múltiples perspectivas antes de actuar.

✅ La comunicación sea más auténtica, directa, transparente y honesta.

✅ La responsabilidad sobre el proceso y los resultados sea compartida porque todos los participantes, aumentando el compromiso en la implementación de las acciones acordadas.

Para llevar a cabo círculos de diálogo es importante tener presentes 5 piezas clave de su desarrollo y funcionamiento que se recogen en la siguiente infografía: lugar de la reunión, pieza de diálogo, guardián del círculo, ritual y compromisos.

 

 

Una de las herramientas que utiliza la metodología de los círculos, para garantizar que todas las personas tengan voz y que su voz sea escuchada con atención y respeto es la pieza de diálogo. La pieza de diálogo es un objeto simbólico que comienza en el centro y va pasando de manos según quien interviene. Puede ser un libro, una fotografía, una pieza de cerámica…, lo importante es que tenga relación con el asunto que se va a tratar o que posea un significado especial para las personas del grupo.

Lo fundamental es que el objeto resuene con los participantes y les recuerde el propósito principal de la herramienta: garantizar un diálogo respetuoso donde solamente puede hablar la persona que la sostiene en sus manos, lo que obliga al resto a practicar una escucha activa y respetuosa. El silencio también es una forma de hablar, los participantes pueden pasar la «pieza de diálogo» sin comentar porque es una forma válida de participar y estar presente en el círculo. De esta forma evitamos que las reuniones se conviertan en ese escenario en el que todos hablan pero nadie se escucha.

El liderazgo circular se ejerce dando voz al grupo, generando espacios de conversación dónde todos aportan y deciden. Cuando se implementa no solo hace crecer al equipo, sino también al lider porque, a veces, el mayor desarrollo de un líder viene de saber ceder el poder y confiar en que el equipo sabrá encontrar, a través del diálogo, el camino para solucionar el problema, atravesar el conflicto y enfrentar el desafío.

«En el liderazgo circular no se trata de estar al frente, sino de crear espacios donde todos puedan brillar».

No se trata de una forma de liderar aplicable a todas las situaciones o a emplear en todo momento, sino de un modelo de liderazgo que puede utilizarse en toma de decisiones grupales, generación de ideas en grupo, gestión de conflictos en los que están involucradas varias personas, gestión de reuniones, resolución de problemas en grupo, por citar algunas. Se trata más de adoptar el hábito de comunicarse, trabajar y decidir circularmente, para ello se puede comenzar por incorporar a la dinámica organizacional Círculos de diálogo Regulares donde los equipos abordan desafíos específicos utilizando la comunicación circular.

Para ello es importante tener en cuenta el proceso a seguir para realizar círculos de diálogo que consta de 4 fases: discernimiento, preparación, desarrollo del diálogo y seguimiento.

 

 

El liderazgo circular no es una modelo o una metodología más, es una invitación a redescubrir el poder de la sabiduría colectiva a través del diálogo. Lo que puede obtener una organización con su implementación es muy valioso:

➡️ Fortalecimiento de la Cultura Organizacional porque las organizaciones que implementan metodologías participativas obtiene un 40% de aumento en el compromiso de los empleados. Al crear espacios sagrados de diálogo, se derriban barreras jerárquicas, se favorece el conocimiento y comprensión mutua y se abren nuevas posibilidades de colaboración.

➡️ Innovación y Creatividad porque la circularidad favorece que las ideas fluyan de manera natural, se conecten, dialoguen entre ellas y hagan surgir nuevas ideas.

➡️ Desarrollo del Liderazgo Distribuido porque en los diálogos circulares cada participante se convierte en un «co-facilitador», asumiendo responsabilidad tanto por el proceso como por los resultados.

¿Cómo cambiaría la dinámica de tu equipo si aplicaras procesos de comunicación más circulares?

¿Qué desafíos y oportunidades identificas para implementar este enfoque del liderazgo circular en tu equipo?

Si implantaras la comunicación circular en tu organización ¿Qué objeto usarías como «pieza del diálogo»?

En la Escuela de Mentoring llevamos tiempo aplicando esta metodología que hemos incorporado a nuestras sesiones de mentoring grupal y conversaciones con propósito.

El próximo 17 de Junio, nuestra Directora Ejecutiva, Mª Luisa de Miguel, impartirá un taller sobre “Aplicación de la perspectiva de género en el mentoring con emprendedoras” dentro de las actividades que organiza Autoocupació para el Barcelona Mentoring Programme puesto en marcha por Barcelona Activa. 

El Barcelona Mentoring Programme se trata de un programa en el que personas empresarias, con años de experiencia y referentes en su sector, ejercen como mentoras y acompañan a personas emprendedoras durante varios meses para favorecer el fortalecimiento de sus negocios. La finalidad del proyecto se centra en fomentar la aceleración de nuevas empresas , que puedan generar nuevos puestos de trabajo y que, de este modo, se incremente y refuerce el tejido empresarial.

En total, las emprendedoras tienen 6 sesiones de mentoring con mentoras para intercambiar retos e inquietudes en el sector estratégico de las ventas, la promoción internacional y la organización interna.

A lo largo del programa se desarrollan también otras actividades de networking y formación, dentro de las cuales se enmarca este taller que impartiremos desde la Escuela de Mentoring con el objetivo de ayudar a las mentoras a integrar la perspectiva de género en la práctica del mentoring con emprendedoras. El taller se ha diseñado en torno a los siguientes contenidos: 

➡️ Perspectiva de género en el mentoring: cómo hacer visible lo invisible

➡️ Del mentoring empoderador al mentoring emancipador

➡️Principales brechas de género en las mujeres emprendedoras: cómo identificarlas y estrategias de intervención.

El mentoring es una herramienta muy adecuada para identificar y trabajar las brechas y retos de género que afectan a las mujeres emprendedoras y les dificultan o impiden hacer avanzar sus negocios en condiciones de igualdad. 

En un proceso de mentoring es importante diferenciar los handicaps que las emprendedoras enfrentan debidos a circunstancias o condiciones personales de los generados por desigualdades estructurales del sistema económico y social: dificultades de acceso a financiación, doble carga de trabajo por cuidados y atención hogar, síndrome impostora, etc.

Aplicar la perspectiva de género al mentoring implica mitigar desigualdades, romper estereotipos, tener en cuenta las diferencias y establecer creencias empoderantes y emancipadoras.

Saber vivir en la incertidumbre, sin certezas incuestionables, es el hábitat de un buen mentor. De ahí que la práctica de una «𝗮𝗽𝗲𝗿𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮» forme parte de las actitudes básicas en el mentoring y que un mentor debe  estar siempre dispuesto a desafiar sus ideas y creencias de forma permanente.

El término «apertura mental activa» deriva de las investigaciones del psicólogo Jonathan Baron sobre «𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮𝗯𝗶𝗲𝗿𝘁𝗼» e incluye actitudes como:

✅ 𝗖𝘂𝗿𝗶𝗼𝘀𝗶𝗱𝗮𝗱 para buscar, saber más, no quedarse con la primera idea, argumento, impresión, juicio.

✅ 𝗖𝘂𝗲𝘀𝘁𝗶𝗼𝗻𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲. Preguntarse si lo que sabe realmente es verdad, si sus ideas, creencias, suposiciones e interpretaciones se sostienen con evidencias.

¿Qué evidencia podría mostrar que estoy equivocado? es una pregunta que puede ayudar al mentor a evitar imponer su verdad y su visión. 

✅ 𝗧𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗮𝗿 𝗰𝗼𝗻 𝗵𝗶𝗽𝗼́𝘁𝗲𝘀𝗶𝘀, ver las ideas como hipótesis que deben ser comprobadas buscando las evidencias y validándolas. Algo que resulta muy útil para trascender los juicios.

Por ejemplo, el lugar de concluir que el mentee no está motivado porque tras dos sesiones seguidas no ha llevado a cabo las acciones a las que se comprometió. Trabajar con las posibles hipótesis que podrían explicar su comportamiento. ¿Qué más podría ser? ¿Y si fuera…?

✅ 𝗔𝗰𝘁𝗶𝘁𝘂𝗱 𝗿𝗮𝗱𝗮𝗿, estar absorbiendo continuamente del entorno, recogiendo nuevos hechos, ideas y evidencias y contrastándolas con las ideas y certezas que tenemos. Incluso, buscar evidencias que puedan contradecir nuestras ideas previas.

✅ 𝗘𝘀𝘁𝗮𝗿 𝗱𝗶𝘀𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼 𝗮 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗮𝗿 𝗱𝗲 𝗼𝗽𝗶𝗻𝗶𝗼́𝗻 conforme va apareciendo nueva información, sin que esto nos haga perder confianza y coherencia.

✅ 𝗣𝗼𝗻𝗲𝗿 𝗲𝗻 𝗷𝗮𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼, obligándonos a buscar «lo que no estoy viendo», el «contraargumento» para ampliar nuestra visión, nuestra mente y nuestro conocimiento.

Jonathan Baron considera que la «apertura mental activa»implica  buscar deliberadamente razones que puedan demostrar que uno está equivocado. Un hábito que nos evita caer en evitar el dogmatismo y el pensamiento automático. 

Pensar de forma activamente abierta es mucho más que escuchar al mentee, empatizar con él, comprender sus puntos de vistas, aceptarlos y no juzgarlos, significa examinar críticamente nuestras propias ideas, visiones y pensamientos a partir de las conversaciones con nuestro mentee. 

El “pensamiento activamente abierto” demuestra mucho más que humildad en el mentor, es una muestra de responsabilidad intelectual. Y vá mucho más allá de la inteligencia, puesto que esta no garantiza apertura mental, porque como dice Jonathan Baron una persona puede tener una alta habilidad para resolver problemas complejos, sin embargo ser incapaz de revisar sus creencias. 

Siempre he defendido que las conversaciones de mentoring no tienen como objetivo que el mentee asuma  las visiones o ideas del mentor, tampoco convencer al mentee de una idea o camino, tener razón o alimentar el ego del mentor. Para evitar todas estas malas prácticas es imprescindible cultivar una «𝗮𝗽𝗲𝗿𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮».

John Stuart Mill defendió la importancia del desacuerdo para pensar mejor. Según este autor el conflicto intelectual fortalece el juicio individual. Creo que en la conversación de mentoring debe existir confrontación de ideas, creencias y visiones entre mentor y mentee para que realmente haya aprendizaje significativo y desarrollo. 

Solo a través de la “apertura mental activa” el mentor se convierte en un facilitador del pensamiento del mentee, porque el pensamiento mejora mediante fricción intelectual.

El mentoring pertenece a la historia de la humanidad. El progreso humano se ha basado en el aprendizaje a través de otros, con más experiencia, más conocimientos, más recursos, o mejor posición social. Dicho aprendizaje incluye la transmisión de conocimientos técnicos (gremios de artesanos), el desarrollo integral de la persona (educación en la Grecia clásica), la labor de promoción y mecenazgo, la socialización y el acceso a redes de relaciones valiosas para el desarrollo. 

Podría decirse que la práctica del mentoring es universal porque existe la constatación de una realidad empírica que se da en en todo el planeta desde muy antiguo: hay múltiples evidencias de su uso como instrumento para el aprendizaje y desarrollo de las personas, en diferentes periodos de la historia, distintos lugares y culturas. De ello hablaba hace semanas en uno de nuestros artículos publicados en esta web bajo el título “La universalidad del mentoring y los peligros de su apropiación cultural y económica.”

Esa constatación empírica de su presencia y permanencia, junto a su base antropológica (la figura del mentor representa una función arquetípica que da respuesta a una necesidad humana básica: la evolución, el crecimiento y la adaptación), pueden justificar la “capacidad universalizante” del mentoring, más allá de su carácter universal, o no. 

Una “capacidad universalizante” que alude al hecho de que promueve, activa y realiza un valor que es importante y necesario para toda la humanidad, dentro de un contexto diverso y cambiante. Ese valor es el desarrollo humano en comunidad, en sociedad, aprendiendo unos de otros. Lo universalizante no pretende ser universal, sino hacer o realizar lo universal como valor de lo humano compartido, tal y como ha afirmado François Jullien. Afirmar el carácter universalizante del mentoring no tiene que ver con aferrarse a un concepto o definición o defender una ideología o modelo de mentoring, sino con hacer posible el valor trascendente que representa, la función que cumple y el efecto que con ello se produce, así como evitar lo que su falta implicaría. 

Asumir la “capacidad universalizante” del mentoring,  la importancia de su existencia para el desarrollo humano, nos obliga a plantearnos continuamente interrogantes sobre: ¿como se está desarrollando la práctica en el contexto actual?, ¿responde a esa capacidad universalizante? ¿Cuáles son los riesgos y amenazas a los que se enfrenta que pueden hacer perderla? ¿Estamos asistiendo a la mercantilización del mentoring fruto de su utilización masiva en ámbito empresarial con un enfoque más económico que humanista? ¿Qué amenazas representa la tecnología y la inteligencia artificial para la capacidad universalizante del mentoring?

¿Existe un modelo de mentoring dominante, que no tiene en cuenta la diversidad de la práctica en diferentes lugares del mundo? ¿Cómo es ese modelo y a qué postulados responde? ¿Se está utilizando una concepción del mentoring, que responde a ciertos ideales, ideologías o intereses, que se hacen pasar como universales? ¿Ha quedado sometido el mentoring al criterio de la racionalidad económica desponjándolo de su capacidad universalizante? ¿Cómo detectar en los discursos y prácticas de mentoring sesgos culturales, imposiciones de modelos pretendidamente universales?  

Son muchos los autores que critican el hecho de que la gran mayoría de publicaciones sobre mentoring lo reducen a una mera función instrumental de trasvase de información, conocimientos o contactos del mentor al mentee, desconociendo el origen histórico de la práctica, así como otros ejemplos en culturas distintas a la norteamericana.  Esta visión del mentoring está influenciada por las ideas de Peter Drucker sobre la “sociedad del conocimiento” surgidas a finales de los 60 1, donde señala la necesidad de colocar al conocimiento en el centro de la producción de la riqueza. 

Las primeras publicaciones sobre mentoring son de finales 70, principios de los 80 del siglo XX, diez años después de los trabajos de Drucker, siendo Katty Kram, la autora que más ha influido en la conceptualización del mentoring y en la que se basan la mayor parte de las investigaciones sobre mentoring en las organizaciones, según hemos citado ya en otros artículos publicados en esta web. A partir de sus trabajos se ha instalado una idea de mentoring como herramienta para impulsar el progreso profesional en las organizaciones entendiendo aquel como acumulación por el mentee de mayor capital social, mayores ingresos económicos y mayor progresión de carrera al acceder a puestos de mayor jerarquía. 

Este modelo de mentoring americano, muy transaccional, es el que está más presente en la mayor parte de las publicaciones sobre esta práctica, quedando reducido a un instrumento de transferencia de información, experiencias, conocimientos y capital social (mentoring transaccional), lo que le convierte en la herramienta perfecta para transmitir ciertos valores e ideologías, manteniendo y reproduciendo un status quo determinado. Con ello se oscurece su valor como instrumento de desarrollo integral de la persona en sociedad, a través del aprendizaje activo y reflexivo, además de su potencialidad transformadora a través del diálogo entre las diferencias, que estimula el pensamiento crítico, divergente y la ampliación de perspectivas. 

El mentoring transaccional responde a un enfoque más racionalista, utilitarista y mercantilista, que todo lo ve en términos de intercambio y aprovechamiento de recursos para reducir costes e incertidumbres y, en consecuencia, maximizar los beneficios. De ahí que algunos autores consideren que este concepto de mentoring es el que interesa al capitalismo y el mundo de la empresa y el management. Esta forma de concebir el mentoring puede chocar con su carácter universalizante cuando la empresa trata de imponer al mentee los objetivos a lograr, las competencias a desarrollar, en lugar de permitir a este que los fije él y busque la forma de alinearlos con los objetivos organizacionales. También cuando la empresa antepone el logro de objetivos económicos al bienestar y desarrollo de la persona, cuando las sesiones de mentoring se limitan a que el mentor da instrucciones al mentee de lo que debe hacer y como, en lugar de dejar al mentee que sea quien tome las decisiones y establezca sus propias soluciones. 

Otros autores consideran que la formalización del mentoring, que en su origen fue una práctica informal, a través de programas estructurados responde más a intereses económicos que de desarrollo de las personas y que es una forma de mantener un mayor control sobre quién proporciona y recibe mentoring, así como para garantizar que el contenido apoye los objetivos organizacionales (Lindenberger y Zachary, 1999). No podemos olvidar que el origen del mentoring formal se produce en las empresas americanas en los 90, impulsado por la necesidad de supervisar la carrera de sus jóvenes empleados para garantizar el aprovechamiento de su talento durante años en la empresa (Gray y Gray, 1990). De ahí, surgió la visión del mentoring como una relación jerárquica entre alguien de más edad, poder y experiencia, que guía a otro más jóven en el desarrollo de su carrera, que como se ha visto se ha vuelto dominante en el mundo de la empresa. 

No obstante, sin negar esta posibilidad, también se defiende que sin la formalización del mentoring, muchos de sus beneficios quedarían supeditados al azar o la discrecionalidad de las personas en cuanto a brindarse como mentores o solicitarlos. Así por ejemplo, todos los beneficios asociados a las relaciones de mentoring para los expatriados,  en cuanto a su adaptación a la vida del nuevo país, no se darían si las empresas no establecen programas formales de mentoring con dichos objetivos (Mezias y Scandura, 2005) porque será difícil que los recién llegados reciban apoyo social de los locales de manera voluntaria. Lo mismo ocurre, al menos hace años, con el acceso de las mujeres al mentoring para impulsar su carrera a puestos de liderazgo, que se produjo a través del mentoring formal, no del informal (Katherine Giscombe en Ragins y Kram, 2007). 

Desde muchos lugares se está abanderando la utilización de la IA en el mentoring, llegando incluso a hablar de la IA como un mentor al que la persona le pregunta y la IA responde. Defender estos modelos de mentoring basados en IA puede hacerse desde una concepción transaccional del mentoring, en la que prima la transferencia de conocimiento, donde la IA puede ser más eficiente en términos de tiempo y de accesibilidad. Sin embargo, estas prácticas lo despojarían de su capacidad universalizante, eliminando de la ecuación el componente humano, dialógico y relacional, que ha estado presente a lo largo de la historia. Además, la eficiencia puede ser cuestionada porque en una relación de mentoring aprenden mentor y mentee, y en una relación mentee-IA, no me parece a mi que aprende ninguna de las dos partes. El mentee podrá obtener respuestas y soluciones rápidas a sus preguntas y demandas, pero eso no es aprendizaje, es obtención de soluciones, además, no se desarrollan habilidades conversacionales, pensamiento profundo, pensamiento crítico, creatividad, habilidades relacionales como las que se producen en una relación mentor-mentee.  

Afirmar el carácter universalizante del mentoring puede guiar la investigación y la práctica acerca del mismo hacia la realización del valor trascendente que representa, la función que cumple y el beneficio que ello puede reportar, así como evitar lo que su falta implicaría. Actuaría como un hilo conductor y un criterio para responder a las diferentes cuestiones que se plantean o se pueden plantear en torno al mismo. En lugar de oposiciones, en términos de mejor o peor, entre el mentoring formal o informal, el modelo americano, europeo o cualquier otro, el debate se centraría en ¿cuál de las diferentes opciones asegura mejor la capacidad universalizante? ¿alguna de ellas la compromete? O, mejor aún, ¿cómo se puede aprovechar la riqueza de las diferencias de cada opción para fortalecer esa capacidad universalizante?

El desafío no es innovar, sino garantizar que cualquier práctica de mentoring sirva al valor trascendente que le dio origen: el desarrollo humano en comunidad.


1. La idea de la “sociedad del conocimiento” aparece en sus libros “El ejecutivo eficaz” (1966) y “La ear de la discontinuidad” (1969).

Durante los meses de mayo y junio estaremos formando a dos grupos de 22 mentees (en total 44 mentees) y un grupo de 20 mentores participantes en el Programa de Mentoring Corporativo impulsado por GR Chía SAS en Colombia.

GR Chía es una empresa de servicios que brinda soporte a una red de empresas dedicadas a la producción y comercialización de flores frescas cortadas, con el objetivo de maximizar su eficiencia mediante el aprovechamiento de economías de escala y el aprovechamiento de sus fortalezas como empresas independientes. Para esta red de empresas, es una decisión estratégica desarrollar acciones de formación articuladas como un factor determinante para la consecución de los objetivos y así aportar al desarrollo del talento humano y la gestión de la productividad rentable y sostenible, para lo cual identifica en la mentoría una gran oportunidad para potenciar a los líderes que puedan fortalecer su rol, transmitir la cultura, el conocimiento del negocio y aportar a la sostenibilidad.

Durante el 2025 iniciamos la colaboración con GR Chía formando a sus Mentoring Managers con el propósito de fortalecer la estrategia de mentoría ya establecida en la red de empresas e incorporar sus aprendizajes al diseño e implementación de nuevos programas de mentoring. 

En el 2026 inician un nuevo Programa de Mentoring Corporativo para impulsar el desarrollo del talento humano y les estaremos acompañando durante los meses de Mayo y Junio en la formación de sus mentees y mentores. 

A/ FORMACIÓN MENTEES: 2 talleres de 2 horas con cada grupo de 22 participantes con los siguientes contenidos:

         MÓDULO 1.- El rol del mentee

   – Roles y responsabilidades del mentee: (perfil mentee) 

   – Beneficios e impacto de ser parte de la estrategia. 

        – MÓDULO 2.- Gestionar el éxito

   – Autoconocimiento

   – Formulación Objetivos (práctica)

 

B/ FORMACIÓN MENTORES: 2 talleres de 3,5 horas con un grupo de 22 mentores con los siguientes contenidos:

         – MÓDULO 1.- Habilidades del mentor: crear un contexto óptimo de aprendizaje y desarrollo

   – Autoconocimiento y motivación

   – Inteligencia emocional y gestión de las emociones 

   – Seguridad Psicológica

       – MÓDULO 2.- Inteligencia Conversacional

   – Comunicación afectiva y efectiva. 

   – Escucha global, profunda y reflexiva. 

   – Conversaciones poderosas : Preguntas provocadoras y generativas 

Esta formación permitirá a los mentees aprovechar al máximo el proceso de mentoring y a los mentores adquirir las competencias necesarias para desempeñar su rol con efectividad.  

 

Es un placer colaborar con compañías como GR Chía, que apuestan por el desarrollo del talento de sus colaboradores y lo demuestran a través del compromiso de sus equipos con formaciones especializadas en mentoring.

📌 𝗟𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘀𝗲 𝗿𝗲𝗰𝘂𝗲𝗿𝗱𝗮 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝘀 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗱𝗮 𝗽𝗼𝗿 𝘂𝗻𝗼 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼, 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗲𝘀𝗰𝘂𝗰𝗵𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗼 𝗹𝗲𝗲𝗺𝗼𝘀.

Cuando creamos el conocimiento, cuándo buscamos las soluciones y las respuestas, cuando explicamos la información que sabemos o las experiencias que hemos tenido se produce un aprendizaje activo que se fija en la memoria para estar disponible en otras ocasiones.

Se trata del «𝗲𝗳𝗲𝗰𝘁𝗼 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻», descubierto en los años 70 del siglo XX por un equipo de psicólogos cognitivos, entre los que estaban Norman Slamecka y Peter Graf.

𝗘𝗹 𝘀𝗲𝗿 𝗵𝘂𝗺𝗮𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗰𝗮𝗽𝗮𝘇 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗿𝗱𝗮𝗿 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗰𝗮𝗻𝘁𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘆 𝘁𝗿𝗮𝗲𝗿𝗹𝗮 𝗱𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗼 𝗮 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗿𝗮𝗽𝗶𝗱𝗲𝘇 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗵𝗮 𝘀𝗶𝗱𝗼 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗱𝗮 𝗲𝗹 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼. Se trata de un aprendizaje activo con mayores beneficios que limitarse a escuchar y leer de forma pasiva.

Lógicamente 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝘁𝗶𝗽𝗼 𝗱𝗲 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗶𝘇𝗮𝗷𝗲 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗼 𝗿𝗲𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗲 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗲𝘀𝗳𝘂𝗲𝗿𝘇𝗼 𝘆 𝘂𝗻𝗮 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲: hacernos preguntas, enseñar a otros, crear mapas mentales, resumir, reordenar, sintetizar, escribir.

A cambio de ese esfuerzo 𝘀𝗲 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗰𝗶𝗮 𝘂𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗰𝗲𝘀𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, lo que implica que la persona no se limita a captarla y almacenarla en la memoria, sino que la manipula, la procesa, la analiza, la interpreta, la conecta con otra información previa, que es lo que explica esa mayor capacidad de retención.

𝗘𝗹 «𝗲𝗳𝗲𝗰𝘁𝗼 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻» 𝗲𝘅𝗽𝗹𝗶𝗰𝗮 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗳𝘂𝗻𝗱𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮 𝗺𝗲𝘁𝗼𝗱𝗼𝗹𝗼𝗴í𝗮 ©️𝗜𝗡𝗧𝗘𝗚𝗥𝗔𝗟 𝗚𝗘𝗡𝗘𝗥𝗔𝗧𝗜𝗩𝗘 𝗠𝗘𝗡𝗧𝗢𝗥𝗜𝗡𝗚:

✅ porque es 𝗺𝗮́𝘀 𝗶𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗹𝗮 𝗲𝘅𝗽𝗲𝗿𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝗺𝗶𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗲𝘅𝗽𝗲𝗿𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿.

✅ porque 𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿 𝗱𝗲𝗯𝗲 𝘂𝘁𝗶𝗹𝗶𝘇𝗮𝗿 𝗺𝗮́𝘀 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗿𝗲𝘀𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗮𝘀, impulsando que el mentee analice su experiencia y sus conocimientos de forma activa y que busque sus propias respuestas.

✅ porque 𝗹𝗮𝘀 𝘀𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗶𝗻𝗴 𝘀𝗼𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗲𝗿𝘀𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗿𝗲𝗳𝗹𝗲𝘅𝗶𝘃𝗮 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗲𝘅𝗽𝗲𝗿𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲𝗲 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗲𝗿𝘁𝗶𝗿𝗹𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗶𝘇𝗮𝗷𝗲.

Brindar al mentee la oportunidad de recodar experiencias, explicarlas y reiterpretarlas crea aprendizajes más sólidos

✅ porque 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀, 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝗲𝘅𝗽𝗲𝗿𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀, 𝗶𝗱𝗲𝗮𝘀, 𝗺𝗼𝗱𝗲𝗹𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿, 𝗱𝗲𝗯𝗲 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿𝗹𝗼 𝗱𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝗻𝗲𝘂𝘁𝗿𝗮𝗹 𝘆 𝗻𝗼 𝗱𝗶𝗿𝗲𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮, propiciando la co-creación de nuevo conocimiento con el mentee.

Para ello aplicamos la 𝘁𝗲́𝗰𝗻𝗶𝗰𝗮 𝗣.𝗜.𝗣.: primero, explorar con el mentee, a través de preguntas, hasta dónde puede llegar a resolver con su conocimiento y experiencia; segundo, compartir la idea, información, conocimiento o experiencia del mentor; tercero, volver a preguntar al mentee ¿cómo puede integrarla con lo que él ya sabe o hace? ¿en qué le puede resultar útil o no?…

✅ porque 𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿 𝗽𝗿𝗼𝗺𝘂𝗲𝘃𝗲 𝗲𝗹 𝘂𝘀𝗼 𝗱𝗲 𝗺𝗮𝗽𝗮𝘀 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝘀𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀, como por ejemplo en la formulación de objetivos, u otras herramientas de pensamiento visual.

✅ porque 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗮𝗹 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲𝗲 𝘀𝗲 𝗱𝗶𝗹𝘂𝘆𝗲 𝗺𝗮́𝘀 𝗳𝗮́𝗰𝗶𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲, ya que ha participado en su proceso de generación.

✅ porque 𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲́𝗻 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗼𝗰𝗲𝘀𝗼 𝗱𝗲 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗶𝗻𝗴.

📍𝗘𝗹 #𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗶𝗻𝗴 𝗽𝗿𝗼𝗱𝘂𝗰𝗲 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗶𝘇𝗮𝗷𝗲𝘀 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗮𝗯𝗹𝗲𝘀

Desde el año 2021 somos partners estratégicos en mentoring de CAF –banco de desarrollo de América Latina y el Caribe- y a partir del 2024 hemos venido acompañando al Programa LIDERA de CAF, impulsando el desarrollo del liderazgo a través del mentoring corporativo.

CAF es un banco de desarrollo comprometido con apoyar a los países de América Latina y el Caribe y mejorar la calidad de vida en la región. Sus acciones promueven el desarrollo sostenible y la integración regional. Atienden a los sectores público y privado, suministrando productos y servicios múltiples a una amplia cartera de clientes constituida por 24 países miembros, empresas privadas e instituciones financieras.

En abril iniciamos una nueva edición del programa de mentoring corporativo con más de 90 participantes, entre mentores con sólida trayectoria y mentees de alto desempeño y potencial. El objetivo es evolucionar el liderazgo hacia el rol de Líder-Mentor, generando conversaciones de alto impacto que aceleran el desarrollo del talento en la organización.

El programa de mentoring corporativo combina sesiones de mentoring entre mentores y mentees, formación y supervisión de mentores, fortaleciendo la cultura de aprendizaje y liderazgo en CAF. A la finalización del programa los mentores acceden a la Acreditación Internacional como Mentor Corporativo avalada por la Escuela de Mentoring. 

La Escuela de Mentoring estará acompañando a CAF en el despliegue de su programa de mentoring corporativo, aplicando nuestra metodología © Integral Generative Mentoring para asegurar el máximo rigor y efectividad en el desarrollo de los procesos de mentoring que se llevarán a cabo, logrando así que esta nueva edición del programa sea de nuevo un éxito para todas las partes implicadas. 

Es un placer trabajar para entidades como CAF que apuestan por potenciar el talento de sus colaboradores y lo ejemplifican invirtiendo en programas de mentoring corporativo para su desarrollo y crecimiento.

Fundamento Histórico y Universalidad de la Práctica

El mentoring como práctica es muy antigua. El origen del término proviene del personaje “mentor” en la Odisea de Homero, que refleja una costumbre de la antigua Grecia: emparejar a los jóvenes con personas mayores para que aprendieran las habilidades, cultura y valores necesarios para su desarrollo físico, social, intelectual y espiritual (Carr,1999:6; Soler, 2003:17). Sin embargo, su existencia se retrotrae a las primeras etapas de la civilización humana (Kammeyer-Mueller y Judge, 2007) y ha estado presente en todas las culturas: en Egipto en los años 2081-1928 adC (Beverly et al., 2020) en la figura de los visires, en China entre el 2333 y 2177 adC (Huang y Lynch, 1995), en Japón, a través de la relación senpai-kōhai 1, cuyo origen se remonta al confucianismo. 

El mentor es uno de los arquetipos que con más frecuencia se encuentra en sueños, mitos e historias (Vogler, 2020). Simboliza un rol cuyas funciones son enseñar, aportar ideas, sembrar preguntas y generar reflexiones para que el guiado encuentre sus respuestas y sepa enfrentar adecuadamente sus retos.  

Predominio del Modelo Americano y sus sesgos 

Sin embargo, como evidencian diversos autores (Hezlett & Gibson, 2007;  Seibert, Kraimer & Liden, 2001; Clutterbuck, 2013; Blackman, Kon y David Clutterbuck, 2018; Beverly et. al., 2020), la mayor parte de publicaciones sobre mentoring en la empresa lo reducen a una mera función instrumental de trasvase de información, conocimientos o contactos del mentor al mentee, desconociendo el origen histórico de la práctica y otros ejemplos en culturas distintas a la norteamericana, convirtiéndolo en un mercado de influencias y contactos.  

Ello se debe, en una gran parte, a que la mayor parte de la investigación y aplicaciones del mentoring en las organizaciones se basan en los primeros trabajos de la autora americana Katty Kram, publicados en los años 80 a del siglo pasado, quien diferenció dos tipos de funciones en el mentoring: las profesionales (patrocinio, exposición, visibilidad y tareas desafiantes) y las psicosociales (consejería, amistad, aceptación y confirmación), si bien, en Occidente, especialmente Estados Unidos, se ha dado preponderancia a las funciones profesionales. Posteriormente, algunos autores añaden como tercera función el modelado de roles.

Así lo corroboran los trabajos de Allen et al. (2008), tras la realización de una revisión de 2000 artículos académicos sobre mentoring en 2007, dando como resultado que la mayor parte de ellos incidían en las funciones profesionales y en los resultados asociados al progreso profesional (mayor capital social, mayores ingresos económicos, acceso a puestos de mayor jerarquía). Además, los citados autores constataron que la mayor parte de dichos artículos corresponden a relaciones de mentoring en el contexto americano 2, lo que les lleva a concluir que gran parte del conocimiento actual sobre mentoring se basa en muestras nacionales de Estados Unidos. 

El predominio del modelo americano en la literatura académica es corroborado por otros autores como David Clutterbuck (2013), Blackman, Kon y Clutterbuck (2018), Baruch (2004) o Wong y Slater (2002). Estos últimos consideran que se ha difundido este modelo de mentoring a nivel internacional como una práctica de gestión de los recursos humanos que favorece el éxito profesional. Este modelo sigue presente en publicaciones de diferentes lugares del mundo, más allá de Estados Unidos: India (Suruchi Pandey y Tanya Chhaila, 2014), Polonia (Adamska-Chudzińska, M. y Blachnicka, K. , 2023) 

Todo ello ha contribuido a que, todavía hoy en día, la figura del mentor se asocie a una persona con más experiencia, más edad y mayor posición jerárquica, que transmite sus conocimientos y experiencia a otra persona más jóven y menos experimentada para ayudarlo a progresar en su carrera, entendiendo dicho progreso como más capital social, mayor posición jerárquica y mejores ingreso económicos. Esta visión del mentor está presente en la mayor parte de las definiciones (Nielson, Carlson, & Lankau, 2001; Ragins & Cotton, 1991; Ragins & Scandura, 1997; Fagenson, 1994; Haggard, Dougherty, Turban & Wilbanks, 2011), hasta la década de los años 20 de este siglo.

Aportaciones de otras miradas. La reivindicación de la perspectiva Europea y Oriental.

A partir de los años 90, del pasado siglo, se reivindica, por el lado europeo, un modelo propio de mentoring y comienzan a encontrarse en la literatura, sobre todo en la europea, la diferenciación entre el modelo americano y el europeo (Gardner, 1997; Garvey, 1988; Gibb & Megginson, 1992; Hay, 1995; Parsloe y Wray, 2002; Soler, 2003; Clutterbuck, 2013; Beverly et al., 2020).  El primero se describe como “mentoring transaccional” o “mentoring de patrocinio» y el segundo como “ mentoring desarrollativo” o “mentoring relacional”.

El modelo americano está más centrado en la transmisión de conocimientos y experiencias, así como en la facilitación de contactos y referencias. Se concibe al mentor como una persona con más edad, experiencia y posición de poder en la organización, que usa su experiencia, conocimiento e influencia para impulsar la carrera de su mentee haciéndole más visible en la organización, introduciéndolo en su red de contactos (Kram, 1985, Fagenson, 1988; Phillips-Jones, 1982; Stone, 1999). 

El modelo europeo se caracteriza por la construcción de una relación de aprendizaje y desarrollo mutuos, a través de la exploración y el descubrimiento. La experiencia, posición de poder y conocimientos del mentor no tienen tanto peso como en la corriente americana, lo importante es que sea un buen facilitador del aprendizaje, incrementado el nivel de consciencia y utilizando la pregunta como herramienta. 

 

                                Diferencias Modelo Mentoring Americano/Europeo

 

Característica Mentoring Transaccional/Patrocinio (Americano) Mentoring Desarrollativo/ Relacional (Europeo)
Foco Progreso profesional (capital social, ingresos) Desarrollo integral (consciencia, exploración, descubrimiento, aprendizaje mutuo)
Rol del Mentor Transmisor de conocimiento y capital social Facilitador del aprendizaje, generador de preguntas
Relación Jerárquica e instrumental Simétrica y de aprendizaje 

 

En China, por ejemplo, hay una mayor presencia del mentoring informal (Bozionelos & Wang, 2006),lo que contrasta con lo que ocurre en  Estados Unidos y Europa donde se observa una tendencia hacia un mayor número de programas de mentoring formal (Ragins & Kram, 2007). Además, la forma de entender el mentoring en entornos anglosajones choca culturalmente con la forma de concebir las relaciones en el contexto cultural chino, según Bozionelos & Wang (2006). En el mundo anglosajón priman las relaciones puramente instrumentales (más vinculadas al mentoring de patrocinio o desarrollo de carrera), algo que no se da en el contexto cultural chino (Luo, 1997). En el contexto chino las relaciones siempre comienzan como expresivas (más vinculadas al apoyo psicosocial) y pueden evolucionar hasta incluir diversos grados de elementos instrumentales, mientras que en el contexto anglosajón normalmente comienzan como puramente instrumentales y pueden permanecer como tales o evolucionar con el tiempo para incluir elementos socioemocionales.

Evolución de la práctica

Más allá de estas diferencias de modelos, a partir de principios de este siglo, se aprecia, en el discurso académico un cambio en la forma de concebir el mentoring, evolucionado de una relación unidireccional y jerarquizada hacia una relación de aprendizaje mutuo más simétrica, recíproca y colaborativa (Domínguez, y Pineda, 2010:19; De Miguel, 2019: 15-16; Mullen & Klimaitis, 2021; Rubbi Nunan, J.L. et al., 2023). En paralelo, se ha pasado de concebir al mentor como una figura de más edad, poder y experiencia (Ragins y Verbo, 2007; Sonia Hayes en Beverly et al., 2020) a considerarlo como una persona con más experiencia y capacidad para guiar a otros en sus procesos de aprendizaje, cambio y  desarrollo. 

Este cambio ha propiciado, o ido en paralelo, con la irrupción de nuevas modalidades de mentoring como el reverse mentoring (Haggard et al., 2011:299; Clutterbuck, 2013:132-134), en el que el mentor es de menor edad que el mentee pero posee una experiencia que este no tiene; el peer mentoring (Haggard et al., 2011:290; Clutterbuck, 2013:132-134)), donde se da una relación de aprendizaje entre pares; fenómenos como el mentoring grupal, la red de mentores, ampliando la visión del mentoring desde la relación individual hacia una red de relaciones más amplia (Higgins y Kram, 2001; Higgins y Thomas, 2001; Hayes, Dominguez y Kochan en Beverly et al., 2020). La extensión de las relaciones de desarrollo abre la posibilidad a que los mentores sean internos o externos a la organización (Gayle Baugh S. y Ellen A. Fagenson-Eland, 2005).

También ha surgido la noción de “episodios de mentoring” (Fletcher y Ragins, 2007), para aludir a interacciones de desarrollo puntuales que ejemplifican alguna de las funciones del rol de mentor pero se dan fuera de la relación de mentoring. Sin duda la aparición del e-mentoring en torno a principios de siglo con la posibilidad de interacciones vía correo electrónico, mensajería instantánea, plataformas online y otras herramientas tecnológicas, facilita este tipo de modalidades de mentoring más fluidas que el modelo denominado tradicional. 

Otro cambio significativo, en la forma de concebir el mentoring, se produce también a finales del siglo pasado, diferenciando entre la formalidad o informalidad de la relación (Ostroff & Kozlowski, 1993; Ragins & Cotton, 1999; Haggard, et al, 2011), pues las primeras referencias en la literatura sobre mentoring (años 70-90 del siglo XX) hablaban de una práctica que surge de forma espontánea, natural, voluntaria e informal, debido al interés mutuo, si bien en la mayoría de los casos la iniciativa parte del mentor. 

Los inicios del siglo XXI marcan una tendencia hacia la formalización e institucionalización del mentoring (Haggard, et al, 2011; Stoeger et al, 2021), convirtiéndolo en una práctica dotada de metodología, que no se deja al azar, sino que se promueve intencionalmente por las organizaciones, con un objetivo determinado y donde existe un mayor control y seguimiento de la acción (Shea, 1997; Soler, 2003; Clutterbuck, 2013). 

La formalización del mentoring ha sido muy promovida y apoyada desde el ámbito empresarial con el desarrollo de programas de mentoring formales y estructurados (Clutterbuck, 2013). El  mundo corporativo contempla el mentoring como una herramienta de gestión de los recursos humanos, que se  utiliza principalmente para el desarrollo de habilidades, preparación de líderes y para mejorar las actitudes, el comportamiento y el aprendizaje de los empleados (Shinhee Jeong and Sunyoung Park en Beverly et al., 2020) 3

Más recientemente, Mullen y Klimaitis (2021) consideran que el desarrollo psicosocial de los mentees está cobrando más peso en las relaciones de mentoring, frente a las funciones de carrera o profesionales que estaban más presentes en el denominado mentoring tradicional, debido a fenómenos como la complejidad, la velocidad de los cambios y la incertidumbre. Gayle Baugh S. y Ellen A. Fagenson-Eland (2005) consideran que este tipo de funciones podrían proporcionarlas perfectamente los mentores externos, si bien las funciones profesionales quedarían dentro del ámbito del mentor interno. 

Una práctica universal que no debe ser apropiada cultural ni económicamente.

Este recorrido por la historia del mentoring nos muestra una práctica universal que desde muy antiguo ha sido utilizada para el desarrollo de las personas, tanto en el ámbito profesional, como en el educativo, social y personal, habiendo estado presente en diferentes periodos de la historia de la humanidad, en distintos lugares y culturas. Además tiene una base antropológica cuya función es dar respuesta a una de las necesidades humanas básicas como es la evolución, el crecimiento y la adaptación y, por ello, representa una función arquetípica de guía del desarrollo con más experiencia, sabiduría y mejor posicionamiento en el entorno. 

Desde antiguo el ser humano ha aprendido a través de la experiencia de otros, observándolos, imitándolos y escuchándolos. Esta virtuosidad del aprendizaje a través de la experiencia es señalada por Michael Tomasello (2007), que lo considera un mecanismo evolutivo que permite ahorrar tiempo y esfuerzo, así como evitar riesgos, aprovechando los conocimientos y habilidades preexistentes de otros miembros de la especie. Beverly J. Irby, Nahed Abdelrahman, Rafael Lara‐Alecio y Tammy Allen (en Beverly et al. (2020) aportan evidencias históricas muy antiguas que lo corroboran. En base a ellas afirman que las civilizaciones antiguas creían que lo que hoy llamamos mentoring era una práctica fundamental para el desarrollo de la sociedad. El sociólogo Anthony Giddens (2007) corrobora la vigencia de esta idea al afirmar que, en la sociedad británica, el consejero senior es una de los roles que más positivamente contribuyen a la identidad social y cultural de un país.

Ahora bien, en una sociedad global y plural la universalidad de cualquier práctica debe tratarse con cautela, puesto que se corre el peligro de conceptuar como universal una concepción determinada de la misma, por estar más extendida, ser más visible o gozar de mayor predicamento. El etnocentrismo y el “imperialismo cultural” también afectan al mentoring. Es muy fácil caer en el establecimiento de un modelo de mentoring estandarizado y uniforme basado en la “asimilación” al patrón occidental de las prácticas de mentoring existentes en diferentes países y culturas. Y más en concreto al modelo de mentoring vinculado al mundo empresarial y americano que lo concibe como una herramienta para mejorar el rendimiento y el beneficio a partir de una mejor gestión del conocimiento y el capital social. Una concepción que ha creado en el imaginario colectivo una idea de mentoring como transmisión de conocimientos y experiencias del mentor al mentee, que es muy limitada porque desatiende otras dimensiones de la práctica con mayor impacto en el bienestar y desarrollo humano: autoconocimiento, aprendizaje, gestión emocional, inteligencia relacional, sabiduría, inteligencia contextual, empatía, entre otras, 

Autores, como Gibson, Hezlett, Seibert, Kraimer y Liden, critican el hecho de que la gran mayoría de publicaciones sobre mentoría la reducen a una mera función instrumental de trasvase de información, conocimientos o contactos del mentor al mentee, desconociendo el origen histórico de la práctica, así como otros ejemplos en culturas distintas a las occidentales. Al respecto señalan como en la antigüedad o en las culturas orientales el mentoring se basa más en el desarrollo integral de la persona en sociedad, dando gran importancia a la creación de valor y sentido propios y al aprendizaje activo del mentee generando procesos de autorreflexión guiados por el mentor para descubrir sus propias respuestas. 

Mentoring es mucho más que transmitir conocimientos y experiencias, es una práctica fundamental para el desarrollo integral del ser humano.

 


1. Senpai es el miembro de mayor experiencia, jerarquía, nivel y edad en la organización que ofrece su asistencia, amistad y consejo al miembro de recién ingreso o sin experiencia, conocido como kōhai.


2. En la investigación realizada por Allen et al. (2008) sobre 2000 artículos académicos sobre mentoring el 73,9% analizan relaciones de mentoring en Estados Unidos, un 5% en otros países de habla inglesa, por lo que solo el 21,1% se refieren a culturas no anglosajonas. Esta misma proporción se aprecia en otros análisis, como el realizado por William A. Gentrya, Todd J. Weber y Golnaz Sadri en 2008, donde la muestra era de 30.365 gerentes en ejercicio de 33 países diferentes en más de 4.000 empresas diferentes con sede en todo el mundo, si bien 25.529 (82,33%) eran de Estados Unidos.


3. Revisión de 27 artículos de 5 revistas académicas relacionadas con el Desarrollo de Recursos Humanos para examinar cómo se está implementando el mentoring en las empresas.

Nuestra Directora Ejecutiva, Mª Luisa de Miguel ha sido entrevistada por Rodrigo Sampedro de Academia Alto Rendimiento, en su capítulo T02.19 del podcast “Una vida de Alto Rendimiento con Sentido” para hablar sobre desarrollo humano. 

La entrevista se inicia con un breve recorrido por la trayectoria profesional de nuestra directora, que ella resumió como una evolución en la que pasó de interpretar leyes (por su trabajo de 22 años como asesora jurídica de empresas) a interpretar personas, equipos y organizaciones, que es lo que hace en trabajo como mentora y facilitadora, aprendiendo a dejar de escuchar para responder y solucionar para pasar a escuchar para comprender y ayudar a las personas a las que acompaña a escucharse, conocerse, comprenderse y que tomen las riendas de su vida para lograr lo que quieren. 

Durante una hora Rodrigo Sampedro y María Luisa de Miguel conversaron sobre el concepto de Alto Rendimiento, sus pros y contras y la necesidad de cambiar el lenguaje del management y la empresa hacia un enfoque más humanista y menos mecanicista. 

Abordaron como afrontar la alta exigencia, el error, el fracaso, los cambios y las transiciones. de la importancia de la reflexión para navegar por momentos difíciles, inciertos, complejos y cambiantes. 

También dialogaron sobre el propósito, el sentido y el legado y como incorporarlos en nuestro día a día. 

Por supuesto el mentoring estuvo presente en la conversación, como práctica que potencia un desarrollo humano integral y sano, que genera realización, sentido y bienestar en la vida. Así como el concepto de propósito como motor de la voluntad y nuestra mejor herramienta para gestionar adecuadamente la motivación, la energía, el desarrollo y el bienestar. 

Al final de la entrevista María Luisa de Miguel lanza una pregunta clave que deberíamos incorporar a nuestro día a día ¿Qué mundo quiero construir? ¿Qué estoy haciendo o que he hecho hoy para contribuir a que se haga realidad?

 

Si quieres escuchar la entrevista completa puedes hacerlo a través de este enlace.

 

Si quieres ahondar más sobre los temas abordados por Maria Luisa de Miguel en esta entrevista: mentoring, motivación, propósito, voluntad, te invitamos a leer sus libros. 

«Mentoring, un modelo de aprendizaje para la excelencia personal y organizacional» Ediciones Pirámide 2019 

 “La Alquimia de la motivación, como motivar la voluntad para vivir conectado a tu propósito”. Ediciones Pirámide 2022. 

📌 𝗠𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗶𝗻𝗴 𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗲𝗿𝘀𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗹𝗮 𝗮𝗰𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘆 𝗿𝗲𝗳𝗹𝗲𝘅𝗶𝗼́𝗻 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗮 𝗮𝗰𝗰𝗶𝗼́𝗻. 

El «hacer», la acción, es clave en el mentoring, porque 𝗹𝗮𝘀 𝗮𝗰𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘀𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗲𝘀𝗰𝘂𝗲𝗹𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗶𝘇𝗮𝗷𝗲 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿 𝘆 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲𝗲. 

Un mentor se hace en la acción y la reflexión, en el «𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿 𝗿𝗲𝗳𝗹𝗲𝘅𝗶𝘃𝗼», por eso para llegar a ser mentor hay que transitar por 5 «haceres», 𝗹𝗮𝘀 𝟱𝗛 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗶𝗻𝗴:

✅ 𝗔𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗮 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿 porque en el mentoring se trabaja desde la experiencia real y propia, no desde la teoría. 

Para ser buen mentor no se trata de haber hecho, sino de haber aprendido a hacer, de ser consciente de ese proceso de aprender ante lo nuevo, porque es el mismo proceso que va a experimentar el mentee al iniciar un proceso de mentoring y enfrentrarse a nuevos retos. 

Es importante que el mentor sepa conectar con esa experiencia emocional del aprendiz novel que fue para empatizar con su mentee y adaptarse a su ritmo de aprendizaje.

✅ 𝗛𝗮𝗰𝗲𝗿 𝘆 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿, porque es en la repetición donde consolidamos aprendizajes, dónde adquirimos expertise, experiencia, excelencia para luego poder enseñar a otros y ser modelo de comportamientos. 

✅ 𝗘𝗻𝘀𝗲ñ𝗮𝗿 𝗮 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿 al mentee a través de la dimensión «modelo de comportamientos», ejemplificando, demostrando. También aportando feedback al mentee sobre sus acciones.

✅ 𝗛𝗮𝗰𝗲𝗿 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿, impulsando la acción (el hacer) en el mentee, porque es en la acción dónde aprende, dónde cambia, dónde eleva su nivel de desarrollo y dónde consigue resultados para avanzar hacia su menta.

Un mentor debe ser un impulsor de la acción de su mentee para luego traerla a las sesiones de mentoring y hacerle reflexionar sobre ella para convertirla en aprendizaje. 

✅ 𝗗𝗲𝗷𝗮𝗿 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿, dejar que el mentee experimente, que pruebe cosas, que elija sus acciones y el cómo llevarlas a cabo, no darle instrucciones, ni corregirle, sino dejarle hacer y con ese hacer generar reflexión sobre lo que debe mantener, dejar de hacer, mejorar o hacer nuevo, para que vaya mejorando su hacer y avanzando en el logro de sus metas. 

En ese «dejar hacer» se incluye ese momento en que el mentor debe darse cuenta que su mentee ya va solo, que no necesita su guía y que puede volar solo.

 

El funcionamiento y desarrollo de las personas se asemeja más al de una planta que al de una máquina, por eso conceptos como rendimiento o productividad no son adecuados para referirse a las personas. Sin embargo, todo el modelo de desarrollo de talento y liderazgo que se utiliza hoy en día en las organizaciones responde más a una visión mecanicista del mundo y las personas, que a una visión más orgánica y humanista.

Cultivar el desarrollo de las personas es como cultivar un jardín: hay que abonar el terreno, sembrar, regar y dejar crecer.

Ese es el espíritu que rodea a nuestra forma de hacer mentoring como metodología que favorece el aprendizaje, cambio y desarrollo de las personas.

𝗨𝗻 𝗯𝘂𝗲𝗻 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿 𝗮𝗽𝗮𝗿𝗲𝗰𝗲, 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗯𝗿𝗮 𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗺𝗶𝗹𝗹𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗶𝘇𝗮𝗷𝗲 𝗲𝗻 𝘀𝘂 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲𝗲, 𝗮𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮ñ𝗮 𝘀𝘂𝘀 𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿𝗼𝘀 𝗯𝗿𝗼𝘁𝗲𝘀 𝘆 𝗹𝘂𝗲𝗴𝗼 𝘀𝗲 𝗮𝗽𝗮𝗿𝘁𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗲𝗷𝗮𝗿𝗹𝗼 𝗰𝗿𝗲𝗰𝗲𝗿.

✅ Como buen guía, 𝗻𝗼 𝘁𝗲 𝗹𝗼 𝗺𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮 𝘁𝗼𝗱𝗼, 𝘁𝗲 𝗲𝗻𝘀𝗲ñ𝗮 𝗮 𝗺𝗶𝗿𝗮𝗿, a pensar, a hacer las preguntas adecuadas para encontrar las respuestas.

✅ Te 𝗽𝗿𝗼𝘃𝗲𝗲 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗽𝗮𝘂𝘁𝗮𝘀 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲𝗽𝗮𝘀 𝗱𝗲𝘀𝗰𝗶𝗳𝗿𝗮𝗿 𝗹𝗼𝘀 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗶𝘇𝗮𝗷𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗻𝗰𝗶𝗲𝗿𝗿𝗮𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗲𝘅𝗽𝗲𝗿𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 que acompañan tu vida.

✅ Cuando ven que la capacidad de aprender de la experiencia la ejercitas solo 𝘀𝗲 𝗮𝗽𝗮𝗿𝘁𝗮𝗻 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗶𝗴𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗹𝗲𝘁𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘁𝘂 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗶𝘇𝗮𝗷𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝘁𝘂s 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗼s 𝗿𝗲𝗰𝘂𝗿𝘀𝗼𝘀.

𝗨𝗻 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿 𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝘂𝗻 𝗷𝗮𝗿𝗱𝗶𝗻𝗲𝗿𝗼, alimenta la semilla para que madure en las condiciones encontradas en el mentee y su entorno, aprovechando la fuerza de su potencialidad para hacerla evolucionar.

➡️ Sabe sembrar ideas, conocimientos y experiencias cuando el terreno mental del mentee está listo.

➡️ Estimula y reta cuando el clima emocional del mentee es favorable

➡️ Indaga, cuestiona, confronta para cavar con mayor profundidad cuando el mentee está preparado para ello.

➡️ Riega con energía, inspiración y consejos cuando es necesario.

➡️ Es paciente para esperar la cosecha: el logro por el mentee de su objetivo

📍𝗟𝗮 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝘁𝗲𝗺𝗽𝗼𝗿𝗮𝗹 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿 𝗲𝘀 𝗰𝗹𝗮𝘃𝗲 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗹 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗼 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲𝗲, saber cuándo intervenir y cuándo no, y cómo hacerlo en cada momento.

De la misma manera que un jardinero sabe que no tiene sentido, para determinadas especies, plantar en verano y cosechar en invierno, un mentor sabe cuando impulsar a la acción y cuándo no, cuando retar y cuando no, cuando indagar más profundo y cuándo no.

M𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗶𝗻𝗴 𝗲𝘀 𝗮𝗱𝗮𝗽𝘁𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗮 𝗹𝗮 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗲𝗻𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲𝗲, 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗼𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼, 𝗱𝗲𝗹 𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗻𝗼 𝘆 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗶𝗿𝗰𝘂𝗻𝘀𝘁𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀, 𝗱𝗲𝗷𝗮́𝗻𝗱𝗼𝘀𝗲 𝗴𝘂𝗶𝗮𝗿 𝗽𝗼𝗿 𝗲́𝗹, por su potencialidad y sabiduría  interior para ayudarle a hacer realidad sus aspiraciones.

Un mentor, como un jardinero apoya el crecimiento del potencial (raíces) de su mentee y su proceso de maduración y desarrollo, buscando las condiciones más favorables para que el

talento florezca. Acomoda y cuida el terreno (la relación de aprendizaje que construyen) sin actuar directamente sobre su desarrollo, es decir, sin tomar decisiones o hacer las cosas por él.

📍𝗖𝗮𝗽𝘁𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗼𝗰𝗲𝘀𝗼 𝗱𝗲 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗼 𝘃𝗶𝘁𝗮𝗹 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲𝗲 𝘆 𝘀𝗮𝗯𝗲𝗿𝗹𝗼 𝗮𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮ñ𝗮𝗿 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗲𝘁𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘀𝘂𝘀 𝗰𝗶𝗰𝗹𝗼𝘀 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗴𝗿𝗮𝗻𝗱𝗲𝘀 𝗵𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝘂𝗻 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿.